Cínicos, furiosos y polifémicos[1] (quiere decir que tienen un solo ojo)

Publicado por Página 12

El presidente ha encontrado en el insulto desenfrenado una doctrina de Estado. Un motivo de vida. Un hallazgo de satisfacción (enfermiza pero agradable para él).

Esta semana Milei volvió a mostrar su habitual carga digital contra la prensa: desenfundó más de cincuenta publicaciones cargadas de insultos bruscos dirigidas específicamente a la periodista y “mujer” (no es casual que sus peores invectivas las dirige a mujeres)  Maru Duffard y extendió la agresión a otras tres periodistas. “Basura”, “corrupta”, “zurda inmunda” y “chorra” fueron algunos de los adjetivos de apertura para un repertorio que busca amedrentar al oficio periodístico.

Lejos de la circunspección que exige la estatura presidencial, el mandatario explicitó su línea editorial para el debate público con un sinceramiento que alarma: “Me parece que a veces no puteamos lo suficiente a los periodistas; decirles que son basuras corruptas es poco”.

Sin embargo, frente al espectáculo de un Presidente patológicamente desbocado, que utiliza la violencia verbal como herramienta de gobierno, la indignación parlamentaria resulta curiosamente selectiva. Mientras la máxima autoridad del país degrada el discurso institucional arrastrándolo a los lodos de la vulgaridad más absoluta,  legisladores oficialistas como la ex progresista, ex radical y actual libertaría Silvana Giudice y el barilochense de Provincias Unidas Sergio Capozzi priorizan su ofuscación política y gastan sus energías en tramitar la expulsión de Juan Grabois del Congreso por considerar que “habla en tono desmesurado y profiere agravios”.

Una contorsión moral y un ejercicio de desvergüenza que solo encuentra rival de peso en la gestualidad inmutable de Luis Caputo al justificar el ajuste. O sea, que solo la cara del ministro de Economía se parangona en un similar nivel de cinismo (podría decir Lombroso).

Alguna vez expresó un sabio general en tono de advertencia que “cuando a los pueblos se le agota la paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento”

Ansiamos, muchos argentinos, “escuchar el ruido del trueno que baje a sacudir a los malvados, porque en ese momento, la tormenta lejos de ser una molestia se convierte en una sinfonía celestial que quiebra la soberbia, el cinismo y la violencia de los malos y le pone tono cálido a un canto de justicia”(¡que frase y de coleto propio!)

 

[1] Por Polifemo el más famoso de los ciclopes, en la Odisea. Seres, con un solo ojo en el centro de su frente, que vivían al margen de toda civilización y se alimentaban de carne humana. No conocían leyes ni instituciones y era lo opuesto a una vida civilizada.

 

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