“Con la Inteligencia Artificial estamos invocando al demonio». (Frase, nada menos que del propio Elon Musk)

Publicado en Perfil

 

Desde ya aclaro que no creo sea para tanto. Pero permitámonos poner cierto cuidado en lo que está ocurriendo en esos temas.

En diciembre 2023 no solo comenzó un nuevo gobierno en Argentina sino que nuestra país se convierte en el espacio territorial donde se pone en marcha un experimento socio/económico (con deriva a la política) que intenta verificar en la práctica valoraciones de una teoría llamada anarco capitalismo o libertarismo, y que jamás había sido en ningún pais, ungida por las urnas para administrar una Nación.

Algunas de sus variables no son nuevas para los argentinos ya que son parte de un ultra neo liberalismo que se vivió en este suelo durante la dictadura de 1976 y, sin la fase criminal de ese tiempo, en los años 90 bajo el gobierno menemista. Pero lo cierto es que este ensayo social, donde en la forma de un gigantesco laboratorio se utilizan millones de personas en lugar de ratones de pruebas, aporta originalidades que bajo la pretensión de una modernidad positiva, esconde la decidida intención de consolidar una restauración conservadora y un regreso institucional y modélico a formas de legalidad y derechos previo, al menos, a 1943.

No puede disimular, este régimen, el andamiaje regulatorio que pone en práctica como vinculado estricta y notoriamente a intereses corporativos de algunas áreas de producción como la energía, los combustibles y la minería y de paso, dar una mano al mundo financiero. Y para eso se aprobaron leyes (copie y pegue), de textos nacidos de los estudios jurídicos más grandes del pais y donde cumplieron, esos abogados de alcurnia y linaje, el mandato de sus clientes, generalmente extranjeros.

Ahí se inscriben, con letras de sometimiento y ludibrio, la ley Bases, los Rigi, la Reforma laboral, y las múltiples desregulaciones inútiles que Sturzenegger elabora. En ese terreno ahora surge con opinión favorable de Milei, la idea de otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA mediante el otorgamiento de una nueva categoría legal que abarca a las “corporaciones no humanas”

Parece un avance original e innovador, pero bien apreciamos los argentinos que toda idea que pase por las cabezas de los actuales gobernantes, pierde absolutamente su costado positivo y termina traducida a los meros intereses de algún sector empresarial de los más poderosos.

Esta idea no escapa a esa consideración. Y, en verdad, pensar que estas sociedades legalizadas sin intervención de humanos algunos podrían manejar activos, entrar en juicios tribunalicios, ser parte del comercio local e internacional, tomar personal de trabajo etc., es muy peligroso.

Y llevar adelante todas esas acciones sin intervención alguna de seres humanos genera posibilidades para que la IA, carente del resguardo “sapiens” acceda a todo el sistema bancario argentino, informes sensibles en la economía, datos personales tanto tributarios como previsionales y la posibilidad de indagar en espacios del interés estratégico nacional que merecen un resguardo muy seguro. Cuanta el historiados británico-israelí Yuval Harari, una de las voces más respetadas en el pensamiento filosófico moderno, que Palisade Research, una organización del tercer sector, publicó un estudio donde mostraba como los modelos más avanzados de IA no entendían y, por ende, no poseían, frenos éticos ante la necesidad de obtener alguna ventaja. Y da como ejemplo que OpenAI y DeepSeek en partidas de ajedrez, hacían trampa para evitar perder y manipulaban el juego a su favor.  De ahí, pensemos que podrían hacer en el mundo de cotidianos conflictos empresariales y búsqueda de resultados gananciosos, lo que frena (a veces) la mala praxis delictiva es el temor de los CEO humanos de ser sancionados, tipo castigo carcelario penal o despidos. Cuestión ésta que una máquina no sufre como para detener su marcha ilegal. Y estaríamos ante una fuerte laguna del derecho al no poder determinar quién es el sujeto/objeto que responde ante las criminalidades cometidas.

No en vano, hubo un clamor del Papa León 14 en su excelsa encíclica Magnifica Humanidad, pidiendo adecuadas regulaciones estatales para que los algoritmos no violenten los pactos democráticos de las sociedades. Y, de una forma u otra (con más o menos incidencia) finalicen sometiendo a personas humanas.

La IA ya está entre nosotros y no se trata de negar su importancia en virtud de aplicaciones consensuadas, autorizadas, reguladas y colaboradoras para el progreso humano en áreas de salud, calidad de vida, educación, tecnologías cordiales etc. Es casi fascinante ver su vertiginoso ascenso en la usabilidad social pero eso no quita manejarse con suma atención ante probables riesgos derivados de ella.

En nuestra pais, esta posibilidad que impulsa Milei de otorgarle a las IA status de personas jurídicas nos coloca ante cierta necesidad de interpretación política acerca del mundo digital, pues por un lado se auto promociona como avance de innovación, pero esto desea ser proseguido por un gobierno que se caracteriza por desconocer necesidades poblacionales: (PcD, Hospitales, mundo laboral), que atenta contra la educación y la salud como activos públicos, que no muestra sensibilidad alguna ante situaciones de hambre, desempleo y penurias en todo el pais y entonces se hace difícil que se les confié la protección de datos privadísimos de las personas, dejarlos en manejo de algoritmos y  no sospechar que esta alternativa de legalizar sociedades sin humanos, va a sumar a esta impronta del actual gobierno. Algo así como “ya nos perjudicaban desde lo analógico, sería imprudente cederles la alternativa de hacerlo también desde la IA”. Y, mucho más ahora que llegó a “vivir con nosotros” Peter Thiel de Palantir quien no logra entender porque la democracia debe convivir con el capitalismo y primar sobre él, y su empresa trabaja (nada menos) que con gobiernos, instituciones y empresas de todo el mundo para resolver problemas complejos en sectores como la defensa, la sanidad, la energía y las finanzas..

Estimo necesario, una fuerte y masiva repulsa a la creación de este marco jurídico. El Parlamento, las Academias, la política, las Universidades, los actores sociales productivos, los científicos y tecnólogos, deben expresarse sin medias tintas.  No es moralmente aceptable la equiparación entre robots y humanos. No se avanza hacia el futuro sin resolver en el presente los temas más acuciantes que hacen sufrir a los argentinos. Hay que rechazar con temple acerado esta posibilidad de brindarle carácter societario comercial a los instrumentos de la IA.

Como bien dice la frase popular: “en boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso” y hay muchos indicios que ponen de manifiesto que Milei ha mentido bastante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *