Más allá de lo cultural, más allá del Parlamento, más allá de lo judiciable.
Esta media sanción, de la Reforma laboral, está violando estándares internacionales del derecho económico, social y laboral ya que rige para estos el principio de progresividad y en esta norma se percibe claramente la idea de regresividad y esto tiene plafón ut supra (esto es que son tratados internacionales y desde 1994 tienen jerarquía de ley superior en nuestra Constitución) en nuestro sistema jurídico y por lo tanto manda constitucional. Todo esto, es decididamente judiciable.
No puede el Estado hacer retroceder mediante sus regulaciones los derechos establecidos en lo laboral y el resguardo ya obtenido.
Y esto es lo que ocurre con, prácticamente, todos los artículos de la reforma laboral, ya que recorriendo cada una de las propuestas formalizadas en el proyecto no se aprecia un esquema apto para que haya más empleo, sino que surgen “con la fuerza del deseo patronal” una serie de ordenaciones que solo hablan de mecanismos para hacer menos costosas las indemnizaciones, quitar potestad a los sindicatos, aumentar los horarios de trabajo, desorganizar las vacaciones, menoscabar el derecho a la huelga, gravosas licencias por enfermedad, entre otras reducciones de los derechos del trabajador. Resulta propicio ver el contexto en que se desenvuelve esta importante liza y entonces no hay que desconocer que los legisladores de LLA votan en función de su esquema ideológico donde casi todo lo reaccionario y conservador les suena a música celestial, pero los aliados votan por percibir licencia social para hacerlo. Y, de acuerdo a mediciones serias, esto es así.
Es notorio, porqué el texto escrito pone en valor innegables datos, a la vista de todos, sobre que lo propuesto elimina costos patronales sobre despidos, empequeñece la negociación quitándoles mejor rol al sindicato como colectivo, pone en custodia del trabajador riesgos que corresponden al empleador como la salud y el valor económico del despido, sume en incertidumbres el futuro de todo empleo y aquellos jóvenes que hoy entran al mercado de trabajo no saben a ciencia cierta su tiempo requerido para la jubilación, sus horarios de trabajo, la fecha de sus vacaciones y existen otros claros niveles de retroceso en derechos adquiridos durante muchos años. Es decir, es un claro compendio de ventajas en exclusivo para la patronal sin hallar en todo el articulado una sola mención a beneficios para los trabajadores.
Entonces, el sustento de este proyecto reconoce cierta aceptación socio/cultural, que lleva a los perjudicatarios a creer que lo malo, es bueno. No es que sean engañados o que no tengan capacidad para apreciar lo visible, no es de ellos la responsabilidad, es de quienes no supimos dar, en el terreno adecuado esa batalla por la construcción de sentido. El mileismo lo hizo mejor. Nosotros ni figuramos.
Pero más importante que el tema cultural y aun del judiciable, es la aplicación, que va a hallar resistencia en los laburantes. Una cosa es votar en el Congreso y otro llevar esas regulaciones carcas a cada fábrica. No será fácil. Hasta ahora el conflicto se dio en el plano teórico, habrá que ver cuando cada uno de estos puntos limitantes de la calidad laboral del trabajador, impacten de manera concreta en su vida cotidiana.
Votar una ley es un tema institucional, ponerla en práctica obliga a un esfuerzo político distinto. No será con la misma facilidad con que sale del Parlamento. Y, la historia de las luchas laborales argentinas muestra una constante casi regular y reiterada: 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙪𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙣𝙤 𝙝𝙖𝙮 𝙧𝙚𝙛𝙚𝙧𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖𝙨 𝙘𝙡𝙖𝙧𝙖𝙨 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙘𝙤𝙣𝙙𝙪𝙘𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙙𝙚𝙡 𝙢𝙤𝙫𝙞𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤 𝙤𝙗𝙧𝙚𝙧𝙤, 𝙤 𝙘𝙪𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙨𝙚 𝙥𝙚𝙧𝙘𝙞𝙗𝙚 𝙪𝙣𝙖 𝙤𝙛𝙚𝙣𝙨𝙞𝙫𝙖 𝙧𝙚𝙖𝙘𝙘𝙞𝙤𝙣𝙖𝙧𝙞𝙖 𝙩𝙖𝙣 𝙘𝙤𝙣𝙩𝙪𝙣𝙙𝙚𝙣𝙩𝙚, 𝙨𝙞𝙚𝙢𝙥𝙧𝙚 𝙖𝙥𝙖𝙧𝙚𝙘𝙚 𝙪𝙣 𝙚𝙨𝙥𝙖𝙘𝙞𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙙𝙞𝙨𝙘𝙪𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙧𝙚𝙥𝙧𝙚𝙨𝙚𝙣𝙩𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣 𝙮 𝙥𝙤𝙣𝙚 𝙚𝙣 𝙫𝙖𝙡𝙤𝙧 𝙤𝙩𝙧𝙖𝙨 𝙩𝙖́𝙘𝙩𝙞𝙘𝙖𝙨, 𝙤𝙩𝙧𝙤𝙨 𝙢𝙚́𝙩𝙤𝙙𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙡𝙪𝙘𝙝𝙖 𝙮 𝙤𝙩𝙧𝙖𝙨 𝙣𝙤𝙢𝙞𝙣𝙖𝙡𝙞𝙙𝙖𝙙𝙚𝙨.
Y en este caso, estimo que la CGT hará lo que mejor sirva al conjunto, y más allá de las críticas, muchas de ellas injustificadas, se alineará con las propuestas de lucha que enfrenten a esta ley. Hoy, y fue motivo de reproches, comenzó por no permitir el debilitamiento de la estructura formal de los sindicatos sosteniendo temas que hacen a la propia vida gremial, como es la cuota sindical y las obras sociales. No está mal, pero no es todo. Tengamos en cuenta que se le pide a la CGT que actúe como si no se hubiese modificado lo componencial de la sociedad, y el sujeto histórico tradicional (obrero formal) esté cuantitavimente muy disminuido y eso afecta la contundencia de respuestas combativas. Todo el cuerpo político está con visibles fragmentaciones y debilidades y la CGT no escapa a esa realidad. Y, en virtud de la inexistencia de liderazgos concretos en el espacio identitario más numeroso, del Movimiento obrero organizado, como es el peronismo, hace que el sector obrero no juegue como parte integral de alguna dirección definida desde la política. Hace lo que puede. Hace lo que cree debe hacer y no hay ninguna conducción, desde un punto superior, con mayor alcance y visión estratégica y mas jerarquía que lo meramente táctico que diga que hay que hacer para orientar un rumbo opositor a corto y mediano plazo.
Entonces, sepamos que aún en este estado de desorientación la CGT pudo salir a la calle, sus dirigentes definieron con certeza su rol opositor. Con lo escaso que pudo hacer, es lo más potente que el mileismo tiene enfrente.
Y, seguramente en esta batalla intensa surgirán voces y presencias ajenas a las conducciones actuales, pero que pelearán juntas y eso es un valor inmenso.
La votación en el Congreso es un lugar de conflicto donde se batalló con armas institucionales y relaciones de fuerza negativas, esto es un nivel, pero cuando se quiera aplicar la ley, va a transformarse el escenario de esa misma batalla, y será otro donde ya no será fácil quitar a los trabajadores, en su terreno de cotidianeidad laboral, sus derechos.
No lo van a tomar como lo toman los legisladores que se oponen a la ley y cuando pierden la votación se levantan de su banca, con bronca y se van, los laburantes van a percibir una increíble e inédita provocación a su propio ser como clase trabajadora. No será tan fácil avanzar con pitos, matracas y cornetas libertarias en cada establecimiento fabril, cada comercio, cada empresa y entrar al universo laboral con la ley en la mano y pretender se aplique sin respuesta de los perjudicados en forma vital y directa.
¿Con que métodos la patronal y el Estado querrán disciplinar los lugares donde trabaja la gente? ¿Cómo impondrán en cada renegociación de convenios, estas posiciones retrogradas y casi pre siglo 20? Y lo más importante, ¿Cómo actuarán ante las inevitables protestas que ocurrirán? ¿Cómo?
Ahí va a radicar, tal vez, el golpe fuerte contra esta norma.

