Venezuela, software, debate

Publicado por el portal Esfera Comunicacional

 

 

Algunos políticos  han naturalizado  el episodio bélico invasor de Trump en Venezuela, desde la idea de que es solo una demostración del nuevo orden internacional y una moderna y original forma de entender la política y la relación de fuerzas entre países.

Interesante pero, a mi juicio, errónea aproximación a una movida que desde sus instrumentos reales, contiene las formas técnicas de lo más novedoso de la IA pero desde las proyecciones políticas encierra antiguas y complicadas variables políticas. No hay que quedarse viendo fotos en sepia, como las de los helicópteros de la SOAR norteamericana y su Regimiento 160 de Operaciones especiales bajando sobre los techos del Fuerte Tiuna y, si bien hoy parece una audacia decirlo así, lo importante no es el estruendo de la pólvora explotando ni la supuesta excelente puntería de quienes destrozaron en diez minutos toda la defensa humana de Maduro, causando casi cien muertos. Eso es la imagen y no sirve para nada si no se entiende como se llega a ese momento y que ese paso supera la pobreza intelectual de Trump y la calidad militar de los altos jefes que diseñaron ese desembarco y el posterior rapto del presidente venezolano. Cuando llegaron a ese momento, ya todo estaba jugado y previsto en el algoritmo que conducido por una forma distinta de guerrear tiene su mérito en la victoria epistemología más que en el resultado final de la operación. Es la puesta en práctica de una parte de la guerra cognitiva, ya estudiada hace diez años desde la OTAN y que encuentra en el software, más que en tanques o aviones, su espada flamígera para blandir ante cualquier enemigo.

La calidad para esta guerra no se mide, solamente, en cantidad de tanques ni en invisibilidad de aviones ni en potenciar y artillar drones sino en la calidad del software que se utiliza, esto es una brecha tecnológica/digital entre países que ninguna fuerza tradicional ha podido menguar. En este espacio guerrero las fronteras físicas carecen de tanta importancia, cuando se posee capacidad de proceso medido en peta bytes y que se tenga claro que no existe límite para abarcar toda la información necesaria. En el caso venezolano, todo indica que no hubo, o al menos no fue lo principal, traiciones humanas sino que cuando las falsas tropas de la DEA llegaron a Caracas era inevitable el resultado positivo de su excursión en virtud de la combinación de miles de datos sobre el sujeto a secuestrar ilegalmente y esto pasaba por patrones de ubicaciones calóricas y térmicas, información sobre movimientos de todo tipo, registro de consumo de energía y sobre la comunicación que Maduro mantenía y se dice que todo esto al ser procesado por el Maven Smart System y la plataforma de IA de “Palantir” empresa cuyo CEO es Alex Karp y que fundara junto al libertario Peter Thiel, ya definía de antemano los buenos resultados obtenidos.

En definitiva, la presencia de una posición más tecnológica que militar, permite a quienes se embelesan con el nuevo orden mundial y por eso evitan calificar como delincuencial lo que hizo Trump y en lugar de criticar golpean la puerta para que les permitan pertenecer a esta alianza mal llamada “occidental” que la ven liderada por y para siempre por EUA, digo que les permite creer que este orden mundial  posee cierta vitalidad perenne y no buscan en ese andamiaje, presencia alguna que haga a la valoración de planos éticos y morales, imprescindibles en la faz constitutiva de los homo sapiens modernos, negar esto es lo antiguo y no es como dice un respetado amigo rionegrino que eso está en un segundo plano ya que criticar lo hecho por Trump “refleja una visión anclada en categorías ideológicas del pasado”.  Y como propone que el peronismo debe debatir esto, me sumo diciendo que no existe nuevo orden como valor en sí mismo que impida su calificación. Entender la disputa entre potencias solamente desde las categorías de Carl Schmitt cuya única comprensión es saber distinguir “entre amigo y enemigo” y por ende ubicarse al lado de alguno, no es tradición doctrinaria argentina, no hablo solamente del peronismo, que ha situado sabias posiciones del derecho internacional desde la defensa de la sacralidad de los pueblos y la jerarquización del concepto de soberanía nacional y el principio rector de la no intervención. Y, últimamente y a pesar de no contar hoy con buena prensa, también Argentina históricamente apuesta al multilateralismo como forma adecuada de relación con el mundo.

La frase que usa mi amigo rionegrino es dura y sugiero revise esa idea cuando dice que debemos optar por “alinearnos sin ambigüedades con EEUU”, agregando en forma incorrecta el concepto geopolítico de “Occidente”, dando al pais del Norte la exclusividad de ese valor, desconociendo que Europa en su mayoría es tan o más “occidente” que el hoy pais de Trump. No es cierto que la presencia en el mercado local de productos chinos sean la causa de la destrucción de la industria nacional, esto es consecuencia de políticas públicas de larga data pero exacerbados desde hace dos años por Milei, Caputo y Sturzenegger. Allí reside la debacle del empleo argentino. Y entonces veo baladí usar el argumento “chino” como dato de acercamiento con EEUU.

Me resulta cómodo debatir con quienes considero inteligentes y no caen en el fácil consignismo político. En este caso difiero en todo y sostengo que la posición de no darle entidad filosófica y tomarlo como natural, al bandolerismo de Trump, es un apresuramiento intelectual. Equivocado.

Volviendo al hecho en si, la clave fue la capacidad digital, cuántica y computacional avanzada de poder mirar a través del t tiempo y del espacio para conocer todos, absolutamente todos, los detalles de la cotidianeidad de tu enemigo, y tener un instrumento como la IA propia para unir esos datos, que por separado, desde ya los tenía la CIA, el FBI y otros servicios, pero “Palantir” brindó el software que los juntó e interpretó con claridad. Y precisión.

Este tipo de empresa pretende dar a lo que ellos consideran el “occidente válido” la superioridad analítica para vencer contrincantes poderosos en el armamento tradicional.

Este 3 de enero pudieron demostrarlo al capturar a Maduro.

La operación “Resolución Absoluta” tiene la esencial diferencia con cualquier otra intervención anterior, no ya en la potencia de fuego o capacidad cuantitativa y logística militar sino en su “calidad predictiva”. La función, cumplida con creces, fue no solo mover tropas sino predecir hechos antes que ocurrieran, garantizar toda la cadena de utilización material en tiempo concreto en que se hacía y brindar a la maquinaria de guerra la precisión más exacta. El creador de Palantir, Karp, afirma que su empresa logra la convergencia entre el software y las posiciones difíciles y eso se demostró entrando con rapidez y facilidad en el anillo de seguridad del presidente venezolano, conociendo al dedillo que se debía hacer pero también sabiendo que iban a hacer los defensores más cercanos a Maduro. La plataforma que brindaba imágenes satelitales, datos de radar y traía sintetizados miles de datos de redes sociales, les informó a los comandos donde estaba Maduro, pero también proporcionó  la información hacia donde se correría una vez iniciado el ataque.

Esta mínima batalla incruenta para el agresor y muy cruenta para quien defendía posiciones, es la aparición como arma de guerra del determinismo y la certeza en tecnología. Con suficientes datos las ecuaciones van marcando el rumbo de una guerra.

¿Significa esto, parafraseando a Sarmiento que la pluma y la palabra tienen la potencia de la espada? Sí. Tenía cierta duda en dar esta respuesta tan categórica, pero sí. La palabra, el código, en estos conflictos armados modernos, seguramente se convertirá, en la estructura más poderosa de las guerras.

El nuevo modelo, para dar una definición más exacta a lo que durante tantos años se nominó como el gran enemigo, ha pasado a ser el Complejo Militar-Algorítmico (ya no Militar-Industrial). Y no debe ser extraño a este Occidente que tanto valoran algunos políticos argentinos, esa vieja frase del historiador Huntington que dice que “Occidente no conquistó el mundo por tener mejores ideas sino por ser superior en utilizar violencia organizada”. Entonces, hoy cuando el poderío tecnológico está en disputa y corre por la interfaz de usuarios, servidores y la red, y  esa violencia organizada no es patrimonio ni exclusivo ni superior de los EEUU, es una mala noticia para quienes corren presurosos detrás de la supuesta hegemonía norteamericana, como si este dato, no tuviese la provisoriedad que aquel filósofo de Sarandí tradujo al castellano: Omnia transeunt” –Todo pasa.

También pasará este momentáneo dominio estadounidense. Y nuestro pais debe honrar tradiciones (como la Doctrina Drago[1]) y no partir velozmente hacia el primer destello que aparece.

[1] La Doctrina Drago, impulsada por el canciller argentino Luis María Drago en 1902, es un principio de derecho internacional que establece que ninguna potencia extranjera puede usar la fuerza militar para cobrar deudas públicas a naciones americanas, protegiendo la soberanía y la igualdad entre estados. Surgió como respuesta al bloqueo naval a Venezuela por parte de Gran Bretaña, Alemania e Italia, reafirmando la no intervención y promoviendo el arbitraje internacional para resolver disputa.

 

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