Elecciones en BsAs

Publicado en Infobariloche

 

 

Las elecciones en la provincia de Buenos Aires generan un interés desmedido entre los adeptos al unitarismo y, según coinciden gran parte del periodismo y diversos sectores políticos, también para “el mercado”.

Sin embargo, (al menos yo) salvo hacer un chiste con el futbolista Gabriel Mercado, resulta difícil precisar y darle expresión física a ¿qué se entiende exactamente por “el mercado”? .

Para quienes vivimos en el interior y abogamos por una Argentina más integrada y profundamente federal, una elección de medio término para renovar la Legislatura bonaerense no reviste la misma trascendencia.

Esta contienda no puede interpretarse como un anticipo de los comicios de octubre, como si fuera una PASO formal, debido a las marcadas diferencias en el sistema electoral, que existen entre una y otra elección. Veamos:

En esta ocasión, se vota por distritos, ocho en total, mientras que en octubre el distrito será único. Ahora se emplean boletas de papel distribuidas por los partidos; en octubre, se usará la boleta única entregada en las mesas de votación. Además, en estas elecciones se eligen senadores y diputados provinciales, mientras que en octubre se elegirán diputados nacionales.

Otra diferencia crucial: ahora, un partido puede obtener millones de votos más que otro y aun así conseguir menos escaños; en octubre, en cambio, la relación entre voto popular y bancas es más directa. Quien gana,  gana.

Rechazo otorgarle una importancia desmedida a la simbología mediática, es decir, a que lo que se dice en los medios pese más que los hechos concretos.

No es admisible que un titular periodístico pretenda alterar la realidad de un resultado electoral. Sin embargo, parece que nos encaminamos hacia eso, es decir, a permitir que las narrativas de los medios opaquen algo tan concreto, tan «científico», tan tangible, tan demostrable como lo es la cantidad de votos que se obtienen en una elección

Voces influyentes del periodismo, como Ricardo Roa en Clarín, afirman que “imponer la interpretación sobre el resultado es casi tan importante como ganar”. Bajo esta lógica, en lugar de celebrar elecciones, bastaría con determinar quién logra imponer su narrativa como si esta reflejara la voluntad popular, en detrimento del voto como expresión soberana de la ciudadanía. Alcanzaría con ganar en las interpretaciones más que hacerlo en las urnas.

Esto es grave y peligroso.

Priorizar los simbolismos por encima de la decisión clara y contundente de una elección nos retrotrae a un pasado de hace 150 años, cuando la “opinión pública”, más opinión que pública, de los “dueños del país” imponía presidentes a su antojo. Con elecciones amañadas o sin elecciones. Había un grupo de poder que «interpretaba» quien era mejor para ejercer el cargo.

Es como si los avances del yrigoyenismo, con la conquista del voto secreto y obligatorio para los varones empadronados entre 1912 y 1916, o del peronismo, con la incorporación del voto femenino en 1951, no hubieran dejado huella en nuestra historia.

Pero sí, esos hitos existieron.

Y es nuestro deber defender esos espacios.

 

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