No todo debe ser mercado. No todo es débito y crédito.

 

La buena lectura despierta ganas de utilizar ese material para hacer mas aportes al tema. Esto ocurre al leer la excelente nota de Alberto Nadra en LA TECL@ EÑE titulada “La columna vertebral no se quiebra” y, con permiso solicitado intento, desde similar mirada, poner de relieve varios de los males que este gobierno mileista, día a día, produce.

Existe una ofensiva libertaria (ultra liberal) que a la vez que se convierte en un sistemático plan de precarización laboral y represión social, busca la devastación del mundo obrero ya no como idea filosófica sino como política de Estado.

Los números son números, y aunque intenten mentir, siguen siendo certeros. En el primer año del gobierno de Milei se perdieron más de 200.000 puestos de trabajo, 60% en el sector público. 200.000 familias que pierden sus sustento, su atención social y sanitaria y que pasan a vivir con una calidad de vida muy degradada. Esto no es azar, es violencia económica planificada. En el último año 14.000 empresas en su mayoría PYMES fueron arrasadas por un proyecto deliberado de desindustrialización y concentración del capital. (Datos CEPA junio/25).

Baja notoriamente, para satisfacción patronal el costo laboral, se desploma a mínimos históricos (FIEL, Informe de Costo Laboral, 2024) y por ende, la superexplotación es la norma en las nuevas relaciones del trabajo. Hay temor, desde ya, por amenazas de despido y esa constante presión hace que muchas veces, los trabajadores sean forzados a aceptar condiciones ajenas a lo usual y que se combinan con bajos salarios, jornadas ampliadas y extenuantes y derechos pisoteados en los lugares de trabajo. La dignidad del obrero, está golpeada, resisten en lo que pueden mientras ven como festejan las patronales basados en una bonanza que se sostiene en la miseria ajena.

El gobierno avala todo, hay un diseño perverso, una ingeniería social que transfiere riqueza de abajo hacia arriba. Se embiste contra los derechos laborales y la libertad sindical como un paso más en el agravio a las prácticas democráticas. El presidente dijo que la “justicia social es un robo” y da pasos concretos para desmantelar sus pilares. Es una estrategia calculada que busca disciplinar a la clase trabajadora.

Están despidiendo, de empresas y fábricas, a delegados gremiales y colaboradores. Es una purga quirúrgica que pone de manifiesto que la organización gremial es un enemigo a abatir. No en vano, desde el plano internacional la CSI/Confederación Sindical Internacional dice que en Argentina “se viola sistemáticamente los derechos de los trabajadores”.

Y a esto se suma la modalidad represiva, de fuerzas de seguridad “cebadas” bajo la conducción de Patricia Bullrich contra cualquier que opine distinto, alce la voz en una calle, en una fábrica o en una oficina pública. El ejemplo de Pablo Grillo, reprimido y herido en su cabeza es el mejor ejemplo. Amnistía Internacional denuncia 1.155 agresiones a manifestantes entre 2024/25. Una política clara de represión y criminalización de la protesta, que hay que poner constantemente de manifiesto. La denuncia permanente y la crítica y el repudio, son armas de militancia. Para que escuchen lejos y fuerte, para que los legisladores nacionales abran los oídos, para que la Justicia abra los ojos.

Está en juego pactos democráticos de la sociedad argentina y décadas de derechos conquistados por los trabajadores. La estrategia mileista orquestada quiere derribar cualquier resistencia.

Tienen que decirse las cosas como son, hay una represión organizada como política de Estado. Y en este camino, aparecen como dato que lástima la moral política pero mucho más la ética individual de quienes lo hicieron, el aprobar delegación de facultades al presidente y la ley Base a la vez que hay una mora en Diputados para derogar el infausto DNU 70/23 que es el arma legal/institucional que está destruyendo gran parte de la Argentina.

No son acciones fortuitas, cada paso de Milei apunta a consolidar una restauración conservadora, reaccionaria y anti popular (sobre todo anti obrera) donde se pretende situar a Argentina en el nuevo marco de la reformulación del capitalismo en el pais. Entonces sobra la industria, salvo aquellas vinculadas a la energía y combustibles y se prioriza un modelo de servicios, con economía súper abierta y extranjerizada donde se mejoren condiciones agro exportadoras y de producción primaria y extractivista. Es el modelo del pais que Milei sueña y miente cuando habla de que hace 120 años éramos potencia mundial.

Agudiza la economía diaria y de subsistencia,  poniendo a millones de argentinos en una degradación de su calidad de vida, en aras de estabilizar la macro y no tienen problemas en perjudicar a empresas nacionales que no poseen la fortaleza para competir con productos importados. No todo debe ser mercado. No todo es débito y crédito.

Pero no todas son pálidas, existen resistencias desde los trabajadores, este año se registraron cientos de conflictos en empresas y fábricas donde se lograron reincorporaciones y mejoras paritarias. Y con cierta y válida poética, Nadra dice que: “Es la dignidad que estalla en fábricas, rutas y plazas, que late bajo los overoles de los metalúrgicos, las batas de los hospitales públicos y los chalecos de los estatales. La resistencia obrera, indomable, es la columna vertebral de un futuro sin ajuste”.

Y la clase trabajadora argentina, tiene una historia, una identidad, una percepción política.

Un desafío claro y concreto para la oposición seria y comprometida,

Y el desafío es claro. Frenar a Milei. Desarmar este modelo pernicioso para el pais.

No hay otra.

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