Síndrome de Estocolmo en el Congreso – Las PASO, esa pequeña herramienta democrática

 

 Las PASO con todos sus inconvenientes es un espacio, mínimo pero válido de práctica democrática para seleccionar candidatos.

Milei, quien no las quiere, viene recortando porciones de derechos y de lugares de participación y ahora está consiguiendo que no se puedan utilizar las PASO. Y lo logra por cosas como que 25 diputados peronistas apoyaron ese proyecto y ahora en el Senado se da esto: «El despacho consiguió 11 firmas, dos más de las necesarias, los radicales que están en contra de suspender las Primarias optaron por no ser quienes obstruyan el dictamen y firmaron en disidencia: se trata de Maximiliano Abad, por Buenos Aires, y el fueguino Pablo Blanco. También firmó en disidencia la legisladora PRO Guadalupe Tagliaferri.» – Clarin.

O sea, tres senadores que quieren que continúen las PASO, votan en comisión el proyecto que impulsa se suspendan. ¡Traigan un psicólogo por favor! Sin esos tres votos, el despacho iba a tener problemas en salir.

Pero «para no obstruir» a Milei, se obstruyen ellos, ya que al único que le viene bien que no haya PASO es al oficialismo que hace las listas en todo el pais sin necesidad de cotejar diversidades, mientras que la oposición precisa sí o sí sumar a todos los que pueda y para eso nada mejor que una elección primaria.

«Para no obstruir “dicen, de la misma forma que para “darle herramientas al gobierno» votaron la Ley Base, el Rigi y no hacen caer el DNU70/23, tres normas que están destruyendo el pais. Sobre todo, la ley Base.

Este suicidio de la oposición, primero los 25 diputados peronistas y ahora estos tres senadores, deja servida en bandeja a Milei, la agenda y manejo de las elecciones. Gracias a ellos, se harán como él quiere y con las reglas que él quiere.

Queda una esperanza (palabra ésta que, como valor, es poco probable en política) y es que los 34 senadores peronistas más estos tres que votaron en comisión, rechacen el proyecto en el pleno y por lo tanto quede descartado.

El Síndrome de Estocolmo (reacción psicológica en la que la víctima desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con su victimario) tambien se hace presente en la política.

Esta patología dice que la víctima puede llegar a simpatizar con su victimario, puede desarrollar sentimientos positivos hacia quien le perjudica, siente que comparten objetivos y causas comunes.

Las víctimas no quieren «obstruir».

Déjense de jorobar.

 

 

 

 

 

 

 

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