Del libro Modelo Social de la agenda digital argentina Inclusión digital para la integración social 2011

 

 Televisión digital en la Argentina.

Un proyecto social sostenido por la innovación tecnológica

Autores: Osvaldo Mario Nemirovsci. Coordinador General de la Televisión Digital Abierta.

Introducción

La Televisión Digital Abierta es una política pública impulsada por el Estado argentino

que busca garantizar el acceso universal y gratuito al principal medio de comunicación

del país.

La nueva televisión se basa en una innovación tecnológica que conlleva una serie de

transformaciones sociales, culturales y económicas tendientes a mejorar la calidad de

vida de todos los argentinos a través del cambio de objetivos y prioridades de la TV

actual. Frente a un sistema televisivo caracterizado por una lógica comercial y poblado de

propuestas homogéneas y producidas mayoritariamente en Capital Federal, la televisión

digital tiene una impronta social y promueve la participación ciudadana permitiendo

que nuevas voces históricamente silenciadas puedan hacerse oír, materializando así los

principios de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

El presente artículo enmarca la reflexión sobre la concepción social con la que se

implementó la televisión digital en la Argentina como parte de un devenir histórico y

cultural que la contiene partiendo de un concepto inicial: la historia de la comunicación

refleja la historia del mundo. Desde las primeras prácticas comunicativas se hace

visible que quien domina la simbología de las comunicaciones, quien carga con una

intención determinada sus relaciones y vínculos comunicativos está atribuyendo a estos

mecanismos un sentido prefigurado y así intentado dominar parte de la construcción

social de su comunidad.

La comunicación es un campo en donde hay más de una mirada y múltiples intereses en

pugna, lo cual presupone relaciones de fuerza, conflictos y dilemas; condiciones todos

que estuvieron presentes al momento de que Estado argentino ponga en marcha la

televisión digital en el país, que en tanto instrumento nacido de una política pública está

inscripto en ese conflicto sobre quien domina la comunicación.

No hay tecnología que se defina por sí misma sino respecto a un objetivo, por lo cual

se destaca como primera dato que cuando el Gobierno nacional aborda el proyecto de

la televisión digital no lo hace en miras de su aspecto tecnológico, sino que se inscribe

desde una mirada mucho más filosófica y social, que es la de la comunicación. Y esa

mirada desde donde se concibe esta iniciativa se nutre de los conceptos de democracia,

accesibilidad y justicia social.

Desde la decisión de adoptar la norma de transmisión japonesa (ISDB-T), pasando por

el análisis de las ventajas y particularidades que trae aparejada la nueva tecnología, y

haciendo hincapié en la política de contenidos audiovisuales que se fomenta con miras

a generar otro patrón de consumo que dé cuenta de la riquísima diversidad cultural,

histórica y geográfica de cada una de las regiones de la Argentina, todas las aristas de

esta política pública son evaluadas en virtud de resaltar que su objetivo central se basa en

restituirle a los argentinos el derecho de acceder de forma gratuita e igualitaria al principal

medio de comunicación del país.

La experiencia Argentina

Los comienzos y el desarrollo de la televisión digital abierta en la Argentina se inscriben

dentro de un contexto amplio, que lejos de emparentarse meramente con la innovación

tecnológica, se resignifica y comprende en un contexto sumergido en los albores de la

historia y vinculado a la comunicación.

Enmarcar el estudio de la televisión digital como parte de un devenir histórico, social

y cultural que la contiene presupone partir de una premisa inicial: la historia de la

comunicación refleja la historia del mundo, y ésta es una relación de carácter fundante

para las prácticas comunicativas y de producción de sentido.

Desde que el primer homínido dejó de caminar en cuatro patas, asumió su posición

erecta y pudo mirar a los ojos a otro homínido, esa mirada se convierte en una

vinculación comunicativa, y en tanto relación de sentido, estamos ante el nacimiento de

la comunicación, que está emparentado con el desarrollo de las sociedades humanas.

En aquella actitud vinculante entre los primeros homínidos se puede entrever que quien

domina la simbología de las comunicaciones, quien carga con una intención determinada

cierto gesto, mirada o sonido, está atribuyendo a esa práctica comunicativa un sentido

prefigurado y así dominando parte de la construcción social de su comunidad.

La comunicación es un campo en donde hay más de una mirada y múltiples intereses

en pugna, por eso siempre presupone relaciones de fuerza, enfrentamientos y dilemas.

Todo lo que comunica genera, al mismo tiempo, conflicto.

Los intentos por imponer determinados criterios o legitimar como válidos ciertos relatos

o miradas sobre el mundo por sobre otros no se agota solamente en una relación de

comunicación, sino que implica una lucha por dominar simbólicamente la conducta y la

conformación social de las comunidades. Y si esto fue así desde la primera vinculación

comunicativa entre los homínidos, se intensificó a medida que la historia de la

comunicación y del mundo posibilitó nuevas formas de expresión.

La oralidad, la escritura, la imprenta, el telégrafo, la radio, la televisión, arpanet, internet

y las nuevas formas nacidas de la incorporación de las tecnologías de la comunicación

y la información, se inscribieron y se inscriben en este universo de dilemas y conflictos

porque – reiteramos- quien domina la construcción de sentido y quien domina los medios

de reproducción simbólica para imponer ese sentido, así fuera a través de un gesto, un

sonido, una palabra, una onda hertziana o el microblogging tiene una relación de fuerzas

favorables para el modelo social que pretende construir.

Cobra fuerza aquello de que el signo se convierte en la arena de lucha de clases,

definición del lingüista y pensador ruso Valentin Voloshinov (1976), quien sostuvo que

para hegemonizar política, económica y socialmente una comunidad, las conquistas

simbólicas son esenciales, dado que a partir del reinado de un sentido determinado,

también se está asegurando y consolidando al mismo tiempo un modelo político, social

y económico que responde a aquella mirada del mundo.

Cuando se empezó a gestar la idea de implementar, por parte del Estado argentino, la

televisión digital en el país, estos conceptos fueron especialmente tenidos en cuenta. En

tanto instrumento nacido de una política pública, la nueva tecnología digital surge y está

inscripta en ese conflicto sobre quien domina la comunicación.

Desde este ángulo me permito parafrasear al pensador Dominique Wolton en aquello

de que sólo podemos pensar la comunicación analizando la relación entre tres aspectos

medulares que la posibilitan: un sistema técnico, un modelo cultural y un proyecto social,

dado que “no hay una teoría de la comunicación sin una teoría implícita, o explícita,

de la sociedad, y que es imposible pensar en un sistema técnico de comunicación sin

relacionarlo con las características culturales y sociales” (Wolton, 2000:19).

Son importantes resaltar estos conceptos porque que en la actualidad haya televisión

digital en Argentina no es producto de una imposición del mercado, que mientras no viera

rentabilidad económica en esta transformación no iba a invertir en mejorar la posibilidad

de ver televisión, ni mucho menos se generó por un pase de magia. Hay televisión digital

como parte de una política comunicacional que apunta a democratizar el acceso a las

nuevas tecnologías de la comunicación y de la información a partir de un proyecto que

entendió que había una fuerte necesidad en muchos sectores por cimentar un nuevo

modelo cultural, político y social en el país.

De esto se desprende que las innovaciones tecnológicas tienen sentido porque están

enmarcadas en una historia económica, social y cultural que las posibilitó; idea que

también subraya Manuel Castells (2000), al decir que “las tecnologías están producidas

por su proceso histórico de constitución, y no simplemente por los diseños originales de

la tecnología”.

La apuesta del Estado nacional en iniciativas comunicacionales que están a la vanguardia

tecnológica se entiende en relación a un determinado proyecto político, que materializó

las demandas sociales por forjar un nuevo modelo cultural. Desde ese lugar, se puede

reflexionar que a partir de 2003 muchos sectores y actores sociales que antes habían

estado dispersados y que querían desde un lugar determinado participar activamente en

los conflictos y dilemas de la comunicación, encontraron lo que les faltaba para unirse:

un liderazgo político, primero encarnado por el ex presidente Néstor Kirchner y luego por

la actual mandataria Cristina Fernández.

Producto de este tejido – parafraseando a Wolton- entre un modelo de comunicación, una

sociedad que pide cambios, hubo un proyecto político que comprendió esa necesidad de

transformación y frente a muy poderosas estructuras que construyen cotidianamente su

relato, intentó que también otra mirada, otro relato, pueda participar en la trama compleja

de la comunicación. En consecuencia, se empezó a trabajar en dos instrumentos que en

los últimos años permiten pararnos en el mundo de la comunicación desde una mirada

que pretende ser nacional, popular y democrática: la ley de Servicios de Comunicación

Audiovisual (26.522) y la televisión digital.

A través de estas herramientas se abre un fuertísimo espacio para democratizar las

comunicaciones, para acceder a las mismas y para aplicar criterios de equilibrio y de

justicia social. La ley 26.522, la más debatida en la historia del Parlamento argentino, tiene

un anclaje filosófico e ideológico que es similar a lo que se pretende conquistar con la

televisión digital: la no concentración, la diversidad de voces, la defensa de la producción

nacional y la generación de puestos de trabajo vinculados con la radiodifusión en todo el

país. Desde ese espacio el Gobierno nacional concibió a la televisión digital. Si la viera

como una mera innovación tecnológica, no solamente estaría equivocado sino que le

quitaría gran parte de la fortaleza que tiene desde el punto de vista de la comunicación.

Es menester recordar que en 1951 la vanguardia tecnológica en comunicación era

la televisión, y por eso un 17 de octubre de ese año nace la Televisión Pública bajo la

frecuencia LR3 TV Radio Belgrano, transmitiendo el discurso de Evita por el día de la

Lealtad Peronista en la Plaza de Mayo. Esa televisión abierta es digitalizada en 2010 por

el Estado nacional. Estos momentos claves de la televisión argentina protagonizados por

dos gobiernos de igual signo político surgen de un mismo objetivo: el que la nación debe

estar integrada a los desarrollos tecnológicos más avanzados del mundo, pero en virtud

de sus concreciones sociales.

En tanto no hay tecnología que se defina por sí misma sino respecto a un objetivo, que

puede ser económico, de prestigio, de dominio o de aplicabilidad social, como primera

aseveración absolutamente fuerte se puede decir que cuando el Gobierno nacional

aborda este proyecto no lo hace en miras de su aspecto tecnológico, sino que, asentado

efectivamente en una tecnología innovativa, inscribe esta iniciativa desde una mirada

mucho más filosófica, mucho más social, que es la de la comunicación. Y la mirada y la

forma en la que este Gobierno se para en este mundo comunicacional se nutre de los

conceptos más amplios de democracia, accesibilidad y justicia social.

Partiendo de ese lugar impulsa programas como Conectar Igualdad, con el cual se

distribuirán 3 millones de netbooks a cada alumno y docente de educación secundaria;

Argentina Conectada, que implica el despliegue de fibra óptica en todo el país, y la política

pública de la televisión digital, que está impulsada por el Ministerio de Planificación

Federal, Inversión Pública y Servicios a cargo del ministro Julio De Vido.

Para introducirnos concretamente en el despliegue de la televisión digital debemos

remitirnos al 28 de agosto de 2009 cuando en el marco de la Cumbre de la Unión de

Naciones Suramericanas (UNASUR), la presidenta Cristina Fernández de Kirchner

anunciaba la adopción de la norma de transmisión japonesa (ISDB-T) y, en ese mismo

momento, creaba mediante el decreto 1.148 el Sistema Argentino de Televisión Digital

Terrestre.

La elección de esta norma, por sobre la norteamericana ATSC y la europea DBV, también

deja a las claras que la implementación de la televisión digital en Argentina surge desde

un espíritu democratizador e inclusivo que busca que haya más y mejor televisión, que

más gente pueda ver lo que nunca había visto y que aquellos que veían mal, ahora vean

bien. Conceptos todos que aplican al hecho social de vinculación con el medio, y no al

hecho meramente tecnológico.

Podemos identificar tres elementos que marcan lo atinado de la decisión de adoptar el

estándar ISDB-T. El primero se vincula con la robustez técnica de la norma y su ventaja

tecnológica radica en la compresión de imagen y sonido. La mayor parte de los sistemas

de distribución codifican los contenidos audiovisuales con el estándar MPEG-2, pero

en este caso se utiliza el MPEG-4, que reduce a la mitad la capacidad de transmisión

necesaria para la misma calidad de imagen. Además, en el mismo ancho de banda con

que se trasmite hoy una señal analógica, se pueden emitir ahora al mismo tiempo entre 4

y 6 señales de baja resolución o distintas combinaciones entre HD y definición estándar,

con lo cual hay un uso racional y optimista del espectro radioeléctrico.

Lo importante también en este caso no es qué sino para qué, dado que esta característica

técnica también es aprovechada en función de un objetivo social: el de abrir un mundo de

oportunidades a los sectores tradicionalmente inhibidos de participar con su mirada de

los conflictos y dilemas que implica la comunicación. La proliferación de nuevas señales

pone en valor principios como la pluralidad de voces y la diversidad de contenidos que

forman parte de la filosofía de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Los sectores sin fines de lucro como organizaciones sociales, pueblos originarios,

universidades y cooperativas, entre otros, son ahora protagonistas reales en la

construcción de una televisión enriquecida que, alternativamente a la propuesta

comercial, homogénea y etno-porteña que entiende a la radiodifusión como un mero

espacio de mercado, intenta generar un modelo de contenidos que de cuenta de la

riquísima diversidad cultural, histórica y geográfica de cada una de las regiones del país.

Asimismo, entre las ventajas que aporta la mencionada eficiencia en el uso del canal

de transmisión también se destaca el surgimiento de nuevos servicios interactivos.

Las posibilidades que presentan son variadas y aplicables a distintos ámbitos, como el

servicio público (gobierno abierto o teleeducación) o comercial (telebanca o telecompra);

acceso a Internet; herramientas de navegación asistida y motores de búsqueda de

eventos; pago por visión (Pay Per View); guía electrónica de programas; canales de radio;

visión multicámara, entre otras.

Es importante señalar que la interactividad no necesariamente va de la mano del acceso

a Internet. Es posible, por ejemplo, tener interactividad sin la web cuando se emplean

aplicaciones como la guía de programación en pantalla, la posibilidad de enviar una

respuesta con el control remoto en los programas de preguntas y respuestas u otros

con fines educativos.

La posibilidad de multiplicación de las señales, de ingreso de nuevos actores al medio

televisivo y de participación más activa de los televidentes está relacionada con el

segundo elemento propio de la norma japonesa: la aplicabilidad social.

Existen cuatro millones de personas que no reciben ni televisión por cable ni satelital y

que ven el mundo a través de una sola ventana o directamente de ninguna. A ellos se les

llevará la televisión digital gracias a la mayor y mejor cobertura del sistema que alcanzará

al 100 por ciento de la población. A esto se añade que esta norma es la única que permite

trasmitir una señal de televisión móvil, conocida como “One Seg”, que puede ser recibida

en dispositivos portátiles y teléfonos celulares de forma gratuita ya que no consume

pulsos telefónicos.

Su aplicabilidad social se vislumbra también a partir de la creación de trabajo y riqueza al

generar un mercado y una industria que no existía. Los industriales argentinos de todo el

país que fabrican multiplexadores, moduladores, conectores, transmisores, receptores,

antenas o cables de antena están empezando a recuperar la potencialidad de un área que

en la década del ´90 fue dinamitada: la industria vinculada con la informática, la metalúrgica

ligada con la informática, el campo del software y el de la tecnología argentina.

El tercer elemento estratégico de esta norma es su perspectiva a favor de la integración

inter-regional. Nacida en Japón, ha sido luego incorporada por Brasil, Chile, Perú, Ecuador,

Venezuela, Bolivia, Paraguay, Costa Rica, Filipinas, Uruguay y, por supuesto, por la

Argentina, por lo cual bien podría denominarse “norma sur regional”.

Este criterio compartido permitirá un fluido intercambio de contenidos y tecnología

entre los países de la región, lo cual actúa como incentivo para apoyar a la industria

mediante la ampliación del mercado y, sobre todo, permite avanzar hacia una mirada

común en la soberanía tecnológica. Respecto de esto último, cabe destacar que, a

diferencia de las otras normas, la ISDB-T es un estándar abierto, lo cual habilita a cada

país a introducirle las modificaciones que desee. Así, se logran significativos avances en

materia de promoción de desarrollo tecnológico propio.

A partir de la elección de la norma de transmisión, se inició el proceso de implementación

de la televisión digital desde una clara concepción de política pública y, por tanto, con

miras a terminar con la desigualdad en la Argentina. Porque en la trama comunicacional

existe inequidad en el acceso a los medios y hay injusticia en la distribución de sus

contenidos. Por eso, este sistema de televisión digital es mucho más que una noción

técnica y se inscribe en el concepto de Justicia Social.

En busca que este sistema técnico de vanguardia, implementado por un proyecto político

determinado, materialice las transformaciones culturales y sociales de forma contundente,

se intentó lograr que por primera vez en la historia de la radiodifusión en la Argentina se

rompiera con aquello que Alvin Toffler describe en su libro “La Tercera Ola”, respecto a

que históricamente la primera ola de la vanguardia tecnológica fue siempre apropiada por

las elites dominantes. Producto de la feliz decisión del Gobierno nacional esta modalidad

encontró un límite con la televisión digital, porque a través del Plan de Acceso “Mi

TV Digital”, el Estado compró 1,18 millones de decodificadores para distribuir en forma

gratuita a los sectores más vulnerables de nuestro país. Las clases más humildes que

no tienen la posibilidad de comprar un decodificador como tampoco de tener vinculación

física con el cable o el satélite, o aquellos que viven en zonas geográficas alejadas de los

centros urbanos y por tal no pueden recibir televisión abierta de calidad o directamente

no reciben señal, son los primeros que están en condiciones de ver televisión digital; la

nueva televisión, y así terminar con esa irritante y antipática distinción entre quien tiene

la posibilidad de pagar para ver televisión por cable y entonces ve bien y entre quien no

tiene dicha posibilidad y entonces ve mal o directamente no ve.

Podemos observar que en los últimos 20 años se produjo una culturización que sostiene

que sólo los contenidos audiovisuales pagos son garantía de buena calidad. Y con la

televisión digital, esta creencia se torna inválida porque se produce una democratización

de la estética que no es poco para quienes, viviendo en pequeños pueblos del interior o

en zonas de montaña, nunca pudieron apreciar la TV en forma normal. Se acabaron los

ruidos y los fantasmas de la pantalla. No más fritura ni interferencias. Los chicos de la

Quebrada en Jujuy, de Río Chico en Río Negro y de las zonas más pobres del conurbano

bonaerense verán televisión con la misma calidad que lo hacen los que viven en Recoleta,

en Fisherton (Rosario) o en los barrios mas acomodados de las grandes ciudades.

Muchas definiciones podemos dar sobre la televisión digital. Como primer dato técnico,

decir que implica un cambio en el patrón tecnológico en la forma en que se trasmiten

y se reciben las señales. La vieja señal eléctrica de las trasmisiones de la televisión

analógica, se reemplaza ahora por una suerte de empaquetamiento en bits, en ceros y

unos. Esta señal digital viaja por el aire de manera muy parecida a como lo hace la señal

normal de radio o televisión. Para que la televisión digital pueda ser vista en cada hogar

no es necesario cambiar de televisor, simplemente el usuario debe tener un receptor

específico, conocido como Set Top Box o decodificador, y conectarlo a cualquier tipo de

televisor, ya sea de tubo, plasma o LCD.

Esta definición técnica nos importa en función de otras, de carácter social, porque con la

televisión digital no se apunta a que mediante este mecanismo de compresión de audio y

video o de garantía de propagación mediante la traducción de la señal a bits se vea mejor,

sino que la televisión digital es para que aparte de verse mejor, más gente pueda ver

mejor. La masificación en el acceso al principal medio de comunicación de la Argentina

busca terminar con la marginalidad que se da en términos sociales, la marginalidad en

términos geográficos, y la marginalidad en términos de las discapacidades. En estas

tres limitaciones en el acceso es donde el Estado tiene que jugar un rol equilibrador y

democratizador.

Asimismo, la fuerte inversión que realiza el Ministerio de Planificación Federal en recursos

humanos, en infraestructura y en equipamiento para que más argentinos puedan acceder

a la televisión, también apunta no sólo a que se vea mejor lo que hasta ahora se estaba

viendo, sino para que sea vea lo que hasta ahora nunca se vio. Es decir, para alentar

nuevos contenidos, que realmente es el aspecto más difícil a la hora de hacer televisión.

Una planta transmisora, una antena o un decodificador se compran una vez y se amortizan

por años, en cambio hacer contenidos implica poner en pantalla todos los días 10, 14 o

20 horas de programación.

Es en ese espacio donde el Estado nacional tiene la responsabilidad y el derecho de

promover un criterio emparentado con un consumo cultural distinto al que desde hace

más de 30 años viene modelando e imponiendo la televisión comercial.

Por tal, desde la televisión digital se pretende generar un modelo de contenidos donde

actores del sector público, privado y estatal puedan contar historias que reflejen el valor

histórico, regional y social de cada una de las provincias del país. Ese criterio federal

es constitutivo de las ya 18 señales (a agosto de 2011) que se emiten por la televisión

digital, a saber: Encuentro, Canal 7, Paka Paka, TaTeTi, Video Éxito, INCAA TV, Gol TV, Vivra,

Telesur, CN23, C5N, Argentina HD, Vesvi, SuriTV, Construir TV, Canal 9, Telefé y 360 TV.

También se invirtió fuertemente en una política de contenidos atendiendo a todos

los sectores y actores vinculados al mundo televisivo, y así creó el Plan Operativo de

Fomento y Promoción de Contenidos Audiovisuales Digitales.

Como una de las preocupaciones mayores era que las producciones de la televisión no

quedaran concentradas en las cuatro productoras más importantes de Capital Federal

que en la actualidad monopolizan los contenidos del medio televisivo, se apostó a

un programa ambicioso que es el de Polos Tecnológicos Audiovisuales, que apunta a

federalizar la producción en todas las regiones del país y así cultivar un mercado apetecible

en aquellas zonas que, por cuestiones geográficas o de recursos, hoy se encuentran en

inferioridad de condiciones para producir.

Los nueve polos audiovisuales que se constituyeron, nucleados alrededor de Universidades

Nacionales, convocan a cooperativas y organizaciones sociales afines al sector televisivo,

pymes audiovisuales, productores independientes, televisoras comunitarias, organismos

públicos locales, entre otros, para forjar un modelo de industria cultural que democratice

el acceso a la televisión abierta y cree nuevas fuentes de empleo. Producto del trabajo

coordinado de los distintos sectores involucrados, se conforman en el interior de cada

Polo sistemas productivos locales denominados “nodos”.

Estos núcleos de producción operan en regiones específicas con la siguiente organización:

el Polo Centro (Córdoba, San Luis y La Pampa , con cabecera en la Universidad Nacional

(UN) de Villa María); Cuyo (San Juan, Mendoza y La Rioja , con cabecera en la UN de

Cuyo); Litoral (Entre Ríos y Santa Fe, con cabecera en la UN de Entre Ríos); Metropolitano

( la Ciudad de Buenos Aires y las del conurbano, con cabeceras en el IUNA y la UN de

Tres de Febrero); NEA (Misiones, Formosa, Chaco y Corrientes, con cabecera en la UN de

Misiones); NOA (Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, con cabeceras

en la UN de Jujuy y su par de Tucumán); Patagonia Norte (Neuquén y Río Negro, con

cabeceras en UN de Río Negro y UN de Comahue); y Patagonia Sur (Chubut, Santa Cruz

y Tierra del Fuego, con cabeceras en UN de la Patagonia Austral y UN Patagonia San Juan

Bosco).

Cada una de estas usinas regionales trabaja produciendo ficciones, programas

periodísticos, de cultura y entretenimiento bajo la premisa de que hay que equilibrar

el sistema televisivo argentino que durante décadas dependió de lo producido por los

canales de televisión de la Capital Federal. Para lograr poner la balanza a favor de una

auténtica federalización en la producción audiovisual y estar en línea con lo que dicta

la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, desde los Polos se alienta a que sea

la misma gente quien ejerza su derecho de generar productos televisivos acordes a

sus propios valores culturales, mientras asume su responsabilidad de hacerlo de forma

idónea.

Los Polos son la expresión física del artículo 153 de la Ley 26.522 que expresa que

el Poder Ejecutivo nacional “deberá adoptar medidas destinadas a promover la

conformación y desarrollo de conglomerados de producción de contenidos audiovisuales

nacionales para todos los formatos y soportes, facilitando el diálogo, la cooperación y

la organización empresarial entre los actores económicos y las instituciones públicas,

privadas y académicas, en beneficio de la competitividad”.

Este programa de contenidos apunta a cuatro ejes estratégicos: tecnología, capacitación,

investigación y desarrollo y la puesta en marcha de un plan piloto de producción de

contenidos.

El Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios realiza una inversión

contundente en equipamiento para proveer recursos materiales de infraestructura

a quienes lo necesiten, garantizando la igualdad de oportunidades entre las distintas

regiones del país. Pero para poder producir no sólo basta con equipos sino que también

es necesario contar con una formación en las habilidades para hacerlo. De ahí que esta

iniciativa fomente la capacitación como uno de sus ejes estratégicos para promover la generación y actualización de saberes de los recursos profesionales y no profesionales

en materia audiovisual. La investigación y el desarrollo de nuevos formatos y aplicaciones

para la TV digital también está contemplada con el objeto de generar un grado de

especialización tecnológica, teórica y productiva en el amplio horizonte que se abre en

el universo de las comunicaciones digitales.

Con el fin de conocer las posibilidades de producción de contenidos en cada región

del país, el programa lanzó un Plan Piloto de Testeo y Demostración para elaborar un

diagnóstico permanente de las capacidades instaladas y su progreso a medida que se

van inyectando recursos (capacitación, equipamiento, investigación) y se consolida el

trabajo en red de los polos a lo largo del tiempo.

Los resultados de este plan dejaron a las claras que del incentivo y de la generación de

oportunidades concretas de participación aflora la creatividad de cada pueblo, comunidad

y provincia. Unos 31 ciclos periodísticos de música, medio ambiente, cultura y política,

entre otras temáticas, fueron la primera cosecha de esta iniciativa de la cual florecerá una

televisión enriquecida y con marca argentina.

Federalizar la producción no es lo mismo que “contenidos federales”. Los polos posibilitan

que en cada rincón del país se constituyan unidades autosustentable productoras de

contenidos regionales, que promuevan un modelo económico de salario decente, de

creación de riqueza y de rentabilidad, anclado en la realidad de cada región.

La nueva matriz productiva del Siglo XXI es lo digital, que con la televisión tiene su primer

impulso en el país, y los Polos Tecnológicos Audiovisuales son los que mejor aplican esta

lógica en pos de generar trabajo, nuevas aptitudes profesionales y hacer simplemente

que la gente, desde sus localidades, cuente historias en televisión como quiera contarlas.

Otra de las líneas de acción que se proyectaron desde el Consejo Asesor del Sistema

Argentino de Televisión Digital Terrestre fue la promoción e inversión en los primeros

concursos nacionales y federales para producir 230 horas de contenidos audiovisuales

tanto para productores, directores, actores y guionistas experimentados como también

para aquellos que estaban dando sus primeros pasos en el mundo audiovisual. En

conjunto con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), se lanzaron

estos concursos en 2010 – reeditados también en 2011- en todo el país y se obtuvo una

convocatoria multitudinaria. Se premiaron 100 cortometrajes, 20 series de ficción y 17

series de documentales, de los cuales un 60 por ciento de dichas producciones fueron

provenientes del interior del país.

Cada una de las iniciativas fomentadas desde el Estado ha sido recibida y devuelta con

propuestas televisivas plurales, que permiten percibir que hay una fuerte necesidad

de que otros relatos y miradas del mundo puedan ser contados en televisión. Esto es

especialmente visible en otra de las propuestas televisivas más audaces en la búsqueda

de crear una nueva agenda de noticias e informaciones de origen y construcción

auténticamente federal. Se trata del “Panorama Argentino, Información Federal”, el primer

programa que transmitirá los informes periodísticos con contenidos sobre la cultura, el

deporte y la obra pública, contados desde y cómo cada provincia quiere contarlos. Los

periodistas, técnicos, camarógrafos y editores de los canales públicos seleccionan y

aportan su relato sobre aquellos hechos que consideren relevantes y característicos de

sus regiones.

Para que haya contenidos nuevos también es fundamental que nuevos actores, antes

rezagados, ahora se conviertan en protagonistas del medio televisivo gracias a las

posibilidades reales que abre la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual

y la televisión digital. Por tal, cuando la presidenta Cristina Fernández y el ministro Julio

De Vido trazan el mapa de instalación de la televisión digital, plantean como prioridad

evaluar de qué manera integrar a los más de 300 broadcasters que se dedican a brindar

un servicio de radiodifusión en lugares pequeños, y que no forman parte de la frecuencia

pública nacional ni de la frecuencia pública provincial, ni de las universitarias ni mucho

menos de los 44 canales de televisión abierta que hay en el país. Para dar respuesta a

ello, el Consejo Asesor de TV Digital y la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación

Audiovisual (AFSCA) crearon una comisión para avanzar conjuntamente en el diseño de un

modelo de digitalización destinado a las televisoras comunitarias, cooperativas y pymes

para que estos sectores puedan acceder a tres frecuencias digitales, que multiplexadas

van a conformar 12 señales por área de cobertura.

El espacio social que representan las emisoras de baja potencia nunca estuvo en agenda

y recién ahora podrán tener su merecido lugar gracias a esta medida pionera e inclusiva

que impulsa el Gobierno nacional. Los actores beneficiados podrán incorporarse a las

pantallas y contar con señales one seg para televisión por celular.

En esta misma línea, la actual mandataria anunció en junio de 2011 el llamado a concurso

de 220 licencias para la televisión digital abierta, de las cuales 110 serán adjudicadas a

prestadores sin fines de lucro, y con esa decisión hizo posible que la vieja y justa lucha de

estos sectores por insertarse de forma plena al medio televisivo tengan una franca victoria

que hará que las pantallas empiecen a poblarse de historias, miradas y sentidos múltiples

y alternativos a la propuesta comercial actual.

Hoy la democratización en el acceso a la televisión abierta es una realidad categórica.

Desde la primera transmisión televisiva en 1951 hasta hoy, solo se generaron 44 canales

de aire y ahora este Gobierno convoca a 220 señales nuevas. En un día se hizo cinco

veces más que lo logrado en 60 años.

Como sin contenidos no hay televisión, junto a la garantía de acceso a las frecuencias

también se busca asegurar que los nuevos emisores como los existentes puedan

completar con producciones de calidad sus grillas de programación. En tal dirección, la

presidenta declaró de interés público al Banco Audiovisual de Contenidos Universales

Argentino (BACUA), un espacio de intercambio y uso común de producciones televisivas

para que todas las frecuencias públicas puedan federalizar sus contenidos, abastecer su

grilla con los aportes de las diferentes regiones y cumplir con el 30 por ciento de cuota

de pantalla local que establece la ley 26.522

El BACUA funciona como una red digitalizada que organiza y socializa los contenidos. Se

nutre del material audiovisual de todas las regiones del país y facilita a los teledifusores

el acceso de forma gratuita a contenidos de calidad y con una impronta federal, con los

cuales pueden cubrir sus programaciones.

De esta forma, se incentiva el intercambio cultural y se traspasan las fronteras regionales

al federalizar la distribución y el uso compartido de las producciones. Cada región del país

podrá ver, a través de sus televisoras locales, los contenidos creados en otras regiones

en un verdadero diálogo federal.

La televisión digital argentina es una política integral que atiende todas las instancias

del proceso comunicativo: la emisión, la recepción y en el medio, los contenidos. A dos

años de su implementación y aún a sabiendas de que una aproximación a los datos que

arroja su despliegue no nos revela cualitativamente su profundo impacto social, cultural,

productivo y económico, dar cuenta de estos avances es útil a la hora de dejar asentado

que las políticas públicas vinculadas a las tecnologías y a las comunicaciones tienen

resultados concretos.

Al mes agosto de 2011, ya existen 23 estaciones digitales de transmisión operando,

se han distribuido 600 mil decodificadores a sectores de vulnerabilidad económica,

se pueden ver 18 señales, se han movilizado recursos humanos y económicos en las

industrias vinculadas a las telecomunicaciones como también se han multiplicado las

oportunidades laborales para actores, guionistas, locutores, iluminadores, maquilladores

y diseñadores, entre otros, y diversificado los espacios para los jóvenes que se inician

en estas profesiones.

A modo de síntesis, es necesario resaltar que la televisión digital como política pública

en la Argentina incorpora una fuerte impronta tecnológica basada en los más modernos

sistemas de comunicación, pero al mismo tiempo, y fundamentalmente, se impulsa

desde una fuerte aplicabilidad social.

La innovación tecnológica queda al servicio de obtener más y mejor televisión, en función

de democratizar la calidad estética, en virtud de que el principal medio de comunicación

de la Argentina llegue a lugares donde no llega y a personas que no pueden acceder a ella

y que una diversidad de contenidos que antes no existía, ahora exista.

La televisión digital es un instrumento de mejoramiento de la calidad social y del equilibrio

cultural del pueblo argentino. Está pensada en esos términos. Al mismo tiempo, implica

una mejora sustancial en las cuestiones tecnológicas en las que se desenvuelve la

Argentina, pero en función de objetivos sociales.

Esta nueva televisión, que fue iniciada y sostenida por el actual proyecto político que

gobierna la Argentina, permitirá dar la batalla por un modelo cultural reclamado por años

por sectores de relevancia social que sólo entienden que la innovación tecnológica se

debe fundar y materializar con los ideales de democracia, inclusión y justicia social.

Bibliografía

Castells, M. (2000): Lecciones de Internet.

http://www.uoc.edu/web/cat/articles/castells/castellsmain3.html

Voloshinov, V. (1976): El signo ideológico y la filosofía del lenguaje. Nueva Visión, Buenos Aires.

Wolton, D. (2000): Internet ¿y después? Gedisa. Barcelona

 

 

 

 

 

 

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