La noticia no aclara mucho, salvo que se busquen datos que ayuden a comprender el cosmos donde ocurrieron las situaciones.
Resulta que hace casi un año, un irlandés Patrick O´Brien jugaba Ultimate Team y enfrentaba como rival a un equipo que tenía en sus filas, la versión digital de Ian Wright quien había sido un famoso delantero del Arsenal inglés. Al perder el partido, O´Brien reaccionó en forma ciertamente extraña y violenta. Entro a Instagram, buscó la cuenta de Ian Wright y le mandó 20 mensajes con fuerte acoso insultante basado en lo racial. Para que no queden dudas sobre su posición, también lo amenazó en su integridad física.
Hasta acá, un lector veloz y desprevenido puede creer que leyó una noticia sobre un partido de fútbol británico en donde uno de los participantes insultaba a otro en virtud de ser una persona con su piel en distinto color.
Pero resulta que el juego se dio en un modo online, por medio de consolas, poseer una plataforma aplicable, conexión a Internet y una cuenta EA que es Electronic Arts Inc. (Empresa de EEUU, desarrolladora y distribuidora de videojuegos para ordenador y videoconsolas, aunque su parte deportiva EA Sports fue creada en Japón). Este juego tiene licencia de FIFA y actualmente también posee permisos de las más grandes ligas de fútbol como la Premier League, la Serie A de Italia, la Bundesliga, la española y otras. O sea, que esto permite a quienes lo juegan usar las virtualidades de los estadios, sus imágenes, los cánticos de las hinchadas, los nombres reales de los jugadores e incluso sus formas de juego y calidades en las canchas. En estas competencias cada jugador de cada equipo de cada liga, lo encontraremos como un cromo, y en base a su calidad ese cromo será de bronce, plata u oro. En cada cromo nos encontraremos los valores de los atributos que EA ha dado a cada jugador y en base a ellos se les otorga una puntuación global. Incluso mediante pagos, pueden venderse y comprar jugadores para reforzar los equipos.
Hasta acá la explicación del escenario. Luego viene la parte en que los mundos se confunden, lo virtual envuelve a lo real y entonces, el irascible O´Brien, en realidad perdió su partido, que no era un partido sino la imagen videotizada de un partido y se enojó con un jugador del equipo contrario, Ian Wright, que no era un jugador sino que era una versión digital de Ian Wright y eso, en una terrible y peligrosa confusión, lo llevó a salir del universo digital del deporte y concurrir a lo real de su objeto de odio para amenazarlo y discriminarlo racialmente mediante insultos.
Obviamente, todo racista tiene incorporado ese disvalor en su mente. Al irlandés discriminador no se le disparan de la nada los insultos raciales por perder un juego digital, en su cabeza anida el huevo de la serpiente del odio racial, pero el detalle a destacar es este cruce por el callejón que comunica lo virtual y lo real.
Y para finalizar, no muy feliz final, contemos que, ante la denuncia, el juez que falló en el caso tomó en cuenta que O´Brien era un “joven naif e inmaduro” y que actuó por el “calor del momento” y no lo condenó más que a una probation la cual fue aprobado por el mismo juez.
Entonces, ante esta timidísima respuesta la misma EA-FIFA decide expulsar de por vida al jugador creyendo que con esto avanza en eliminar la toxicidad del racismo.
Ahora bien, la amalgama entre lo virtual, lo delictivo y lo real merece cada vez con mayor celeridad respuestas regulatorias y legislativas que brinden certezas a esta nueva realidad.

