El nuevo sapiens sapiens y sus actuales responsabilidades

Publicado en InfoBae 

Del “humano antropoceno” al “humano tecnoceno”

 Tecnoceno: Descripción de esta era en la que, mediante la puesta en marcha de tecnologías de alta complejidad y altísimo riesgo, dejamos huellas en el mundo que exponen no solo a las poblaciones de hoy, sino a las generaciones futuras, de nuestra especie y de otras especies, en los próximos milenios – Flavia Costa: Dra. en Ciencias Sociales-UBA.

Casi todos los avances en tecnologías, surgieron con augurios poco auspiciosos. El cine aterraba a los espectadores, la televisión era una novedad sin interés y hasta el automóvil en sus albores despertaba sospechas que los asimilaban a monstruos mecánicos que tomaban las calles en detrimento de los pacíficos peatones.

Y más atrás aun el telégrafo sin hilo (cosa de brujos), los aviones, las transfusiones de sangre y hasta la imprenta donde no se entendía bien como en pocos minutos una hoja en blanco aparecía con signos de escritura.

Dicho esto, aceptemos que lo que hoy aparece como novedad tecnológica, aunque no lo comprendamos mucho, merece respeto. Y genera responsabilidades.

Ya la robótica está incorporada a prácticas productivas y ya la comunicación cuántica encuentra un nicho de efectiva realidad en las computadoras como la Jiuzhang 2.0 de China que puede resolver en una milésima de segundo operaciones que en computadoras tradicionales pueden tardar años. El desarrollo de la informática cuántica se sostiene en cierta particularidad tecnológica que convierte al qubit (unidad básica de información) en depositario de calidades de ceros y unos a la vez.

Entonces en este mundo del humano antropoceno (término ideado por el químico Paul Crutzen en 2000) que está definido por su incidencia sobre la Tierra y que afronta nuevas realidades que comprometen esfuerzos para lidiar con cambios climáticos, novedades en los suelos, superpoblaciones, requerimientos alimentarios, defensa de bosques y espacios nativos, contaminaciones, entre otras luchas presentes y venideras, aparece el “tecnoceno” traído como dato por nuestra compatriota Flavia Costa . El tecnoceno como era, tiene su humano tecnoceno. Y éste es el que provoca evidentes huellas en el mundo en virtud de su presencia y efectiva ejecución de todas las nuevas tecnologías con gran complejidad. O sea, la importancia de lo que hoy se hace en función del riesgo que pueden ocasionar en un futuro.

Por eso es vital insistir en acuerdos y marcos regulatorios convenidos entre los Estados y las empresas digitales, fundamentalmente las algorítmicas. Y se hace necesario legislar con creatividad en el espacio de un nuevo derecho que contenga un conjunto de principios y normas que regulen las nuevas relaciones humanas surgidas del carácter tecnoceno de la sociedad a la vez que los poderes públicos posean la fuerza coactiva para imponerlo. Y desde la idea de justicia y siguiendo a Rawls creemos que existen valoraciones novedosas para la razón, la equidad, la igualdad en virtud de las nuevas condiciones “tecnocenas”. La Teoría de la Justicia como Equidad no debe estar ausente a la hora de amoldar sus preceptos a los nuevos tiempos.

La clave de esta interpretación es cuidar el planeta y su devenir, desde ahora, cuando utilizamos las nuevas tecnologías.

Esa es tarea del humano tecnoceno, como fue del humano antropoceno, y poco hizo al respecto, evitar deforestaciones, desertificaciones, aumento del agujero de ozono, cuidados ambientales y otras tareas no asumidas con responsabilidad.

Ya están presentes en nuestro mundo actual la robótica, domótica, OTT, lo cuántico, Blockchain, 5G, drones, ACPC (conectividad permanente), impresión 3D para partes humanas, IA- Inteligencia Artificial y variables como Machine Learning (dentro de la IA es la variable por la cual los algoritmos aprenden de su propia estructura).

Todas estas utilizaciones no solo afectan como en la era anterior valores físicos del planeta, sino que tienen incidencia en las propias características humanas.

La IA en su desarrollo, las variables ciborg (combinan en el humano, elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos) y los llamados Chips Humanos (se insertan en el cuerpo y son muy pequeños, del tamaño de un grano de sal y se usan para, mediante ultrasonidos, controlar procesos corporales). Hoy es eso, mañana su uso puede ser otro, no tan noble y pacífico. Estas son las variables de la modernidad tecnocena más imperiosas de contar con regulaciones que la controlen.

La Unesco impulsa una guía para “afrontar de manera responsable los efectos conocidos y desconocidos de la inteligencia artificial en los seres humanos, las sociedades y el medio ambiente y los ecosistemas”. Ese es el objetivo de la Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, una suerte de declaración universal para el uso de estos sistemas que adoptaron los 193 países de ese organismo.

¿Cuánto falta para hackear un cerebro humano? pregunta Yuval Harari el gran pensador contemporáneo. Su respuesta asusta: “Nada” y dice que “Para conseguir piratear a los seres humanos, hacen falta tres cosas: sólidos conocimientos de biología, muchos datos y una gran capacidad informática”

Esas tres cosas, esas tres condiciones, ya están al alcance de muchos.

 

 

 

 

 

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