Sesión Creación de ArSat

Período:124 Reunion:7 Fecha:05/04/2006 EMPRESA ARGENTINA DE SOLUCIONES SATELITALES SOCIEDAD ANÓNIMA AR-SAT

 

  1. PRESIDENTE(BALESTRINI) En consideración en general.

Tiene la palabra el señor diputado por Río Negro.

 

 

  1. NEMIROVSCI, OSVALDO MARIO (RIO NEGRO): Señor presidente: no sé si los señores diputados han pensado que terminó la sesión o están pasando a un cuarto intermedio no declarado… (Aplausos.) …pero voy a tomarme la libertad de pedirles que sean tan amables de acompañar la posibilidad de debatir y reflexionar sobre este proyecto que desde hace algún tiempo queremos tratar en la Cámara.

En virtud de considerar este tema en la misma sesión en que tratamos un asunto tan importante como la ratificación del decreto sobre agua y saneamiento, nos toca hablar sobre este proyecto en un horario que tal vez no sea el más adecuado. Por lo tanto, como miembro informante aviso que ni siquiera voy a hacer uso del tiempo reglamentario. Voy a ser lo más breve posible para que podamos escuchar las opiniones de los distintos señores diputados y, en la medida de lo posible, aprobar hoy esta iniciativa.

Quiero ubicar a la Cámara en los dos temas centrales que hacen a esta propuesta que envió el Poder Ejecutivo. En 1963, se puso en órbita un primer satélite de comunicaciones geoestacionario, que se llamó Sincom I, y fue un avance espectacular si calculamos que apenas habían pasado dieciocho años desde que una obra de ciencia ficción escrita en 1945 por un escritor renombrado en el rubro, Arthur Clark, había imaginado -así como Julio Verne imaginaba La Vuelta al Mundo en 80 Días o el Viaje al centro de la tierra»- la posibilidad de que se pudieran transmitir datos desde la Tierra a una suerte de satélite artificial en la estratosfera y de ahí distribuirse a otros lugares.

Apenas dieciocho años después de que la literatura fantástica lo imaginara, se pone en órbita el primer satélite geoestacionario de comunicaciones, y dos años después, en 1965, sale el primer satélite comercial de telecomunicaciones, llamado Early Bird, pájaro madrugador. Fue puesto en órbita por un consorcio internacional de más de 130 países que se llamó Intersat. De esto hace apenas cuarenta años; por primera vez se puso en órbita un satélite comercial de comunicaciones.

El otro componente que tiene que ver con lo que vamos a tratar se vincula con otra fecha. En 1865, veinte países se juntan y discuten sobre el tema de las comunicaciones y firman un primer convenio telegráfico internacional. Es el origen de lo que en 1932 se conforma como la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que es el organismo intergubernamental más antiguo que hay, precedente y antecesor incluso de las Naciones Unidas. Ya en 1947 se constituye dentro de las Naciones Unidas la UIT, Unión Internacional de Telecomunicaciones, como agencia especializada en telecomunicaciones.

La UIT juega un papel fundamental en la gestión de los recursos de frecuencia radioeléctrica y de órbita, que son, contra lo que mucha gente supone, recursos naturales finitos, limitados, y por lo tanto suscitan una demanda constante y creciente. De ahí la importancia que tiene la órbita que la Argentina posee.

Por un lado, tenemos la Unión Internacional de Telecomunicaciones, y por otro, el desarrollo satelital desde hace cuarenta años. Por eso, hoy la Argentina comienza a recorrer un camino que apunta a objetivos estratégicos, e intenta poner en discusión temas que ayer no se discutían.

Antes de ayer nomás, como figura histórica, la emergencia: la Argentina intentando salir de una crisis que en los últimos treinta años aparecía con mucha recurrencia. Ayer, la apropiación por parte del Estado de una nueva direccionalidad. Tenemos un gobierno que intenta y que logra en muchos aspectos poner orden en función de objetivos de consolidación de la Nación.

Antes de ayer, la emergencia; ayer, la recuperación del rol del Estado; y hoy ya estamos discutiendo la posibilidad de crear un sistema satelital de telecomunicaciones. Esto nos da la pauta de que podemos fijar con objetivos de grandeza la posibilidad de dejar de ser meros consumidores de tecnología para pasar a ser productores de conocimiento. De eso se trata con las nuevas formas de producción existentes en el mundo.

Las nuevas relaciones de producción tienen que ver con la sociedad del conocimiento, con la sociedad de la información y con un salto cualitativo y tecnológico que la Argentina está comenzando a dar a partir de la posibilidad de crear esta empresa para soluciones satelitales.

Para eso es necesario interrelacionar el rol del Estado, que en este caso se produce con la posibilidad de aportar un capital inicial y de conformar la primera sociedad anónima, denominada Empresa Argentina de Soluciones Satelitales. También hay que tener en cuenta la participación del Congreso; pero no debemos dejar de interrelacionar los mundos de la tecnología, del trabajo y de la ciencia. En ese sentido, la empresa toma de cada uno lo que puede compadecerse con el objetivo final que es la creación de esta sociedad.

El gobierno valoriza el conjunto de conocimientos científicos y tecnológicos alcanzados, que se materializan en la construcción de un sistema satelital que pueda colocarse en una buena posición como competidor en el mundo.

Les cuento brevemente que un satélite geoestacional es de mediano porte, con dos toneladas de peso. Además, orbita a 36.000 kilómetros de altura en una banda ecuatorial. Son satélites que la Argentina nunca fabricó. La verdad es que nosotros tenemos la posibilidad de fabricar algún satélite, pero son los llamados de pequeño porte, de observación, o domésticos.

Aprobar este proyecto significará un salto importante, no solamente desde el punto de vista de una nueva industria en materia satelital, sino en el camino que la tecnología y la ciencia nacional deben empezar a recorrer.

Podemos ser parte de los pocos países que manejan la posibilidad del recurso de los sistemas satelitales. Debemos tener en cuenta que el parque satelital envejece, ya que dura entre doce y dieciocho años. En los próximos dos o cuatro años la mayor parte de los satélites que están orbitando van a entrar en desuso por lo que va a haber una fuerte demanda para reponerlos.

La Argentina tiene condiciones ventajosas y competitivas no solamente en América Latina, sino también en el mundo.

El satélite del que estoy hablando no tiene nada que ver con los satélites de defensa o satélites espía. Simplemente es un satélite de comunicaciones que puede ser utilizado para brindar señales de televisión y radio, Internet, transmisión de datos, solución de última milla, transmisión multimedial, transmisiones especiales de TV, video conferencias e incluso prestaciones que contienen un nivel de valor social, como en el caso de la telemedicina o de la educación a distancia.

Este proyecto impacta en dos temas centrales. Por un lado, a mi juicio, tiene que ver con la defensa de los intereses nacionales y no en torno de los conceptos tradicionales de territorio o de cuestiones que tienen que ver con la economía. Además, tenemos la posibilidad con esta propuesta de generar y crear empleo de alta densidad tecnológica que ubicará a nuestros técnicos y profesionales en el diseño, desarrollo y fabricación de satélites de comunicaciones.

En realidad, lo que se va a construir es un sistema satelital geoestacionario, que significa mucho más que la construcción material de un satélite.

Me pareció que en algún momento, cuando se discutió este proyecto, se perdió de vista la direccionalidad o la centralidad. No se trata de algo que tenga que ver con la forma societaria ni con un voto más o menos en el directorio. Tampoco tiene relación con la capacidad de los transponders, que son las celdas que retransmiten la data recibida. De lo que se trata es de crear la conciencia de que podemos fabricar un satélite geoestacionario de estas características.

Que en nuestro pueblo quede la memoria tecnológica, que es algo así como si hace ciento cincuenta años, cuando recién asomaba la industria en nuestro país, hubiésemos planteado la idea de tener una memoria industrial. Debemos dejar la memoria tecnológica en el sentido de que podemos construir un satélite, aplicando al capital humano argentino esta posibilidad, porque se ha desarrollado con una excelencia notable, además de trabajar en tareas de menor cuantía. A ese personal debemos hacerlo trabajar para lo que realmente está capacitado. Yo digo que lo contrario sería como invertir en el capital humano de aviadores y después hacerlos manejar autos.

Nuestros tecnólogos, técnicos y científicos, que están capacitados para crear conocimiento y producir innovación productiva a partir del conocimiento, van a poder aplicar, a partir del diseño, desarrollo y fabricación en el país de este tipo de satélites, todos aquellos conocimientos para los que fueron preparados.

¿Qué se quiere decir cuando se considera que una Nación es avanzada, o se afirma que un país es del primer mundo? ¿Por qué se los califica de esa manera? ¿Porque son más lindos, porque tienen mejor cine o porque comen mejor? Si bien puede haber parte de esto último, lo cierto es que un país se considera avanzado cuando puede hacer cosas como estas, es decir, cuando tiene la posibilidad de generar ciencia propia de carácter tecnológico, porque es innovador en la producción y porque en definitiva puede crear conocimiento.

Entonces, un país avanza cuando puede crear conocimiento. Repito por segunda vez esta frase: dejemos de ser meros consumidores de tecnología y pasemos a producir conocimiento. Ahí está la verdadera construcción de exitosos modos de producción para el mañana. Es probable que a partir de la apropiación de la idea de que se modifican las relaciones de producción con la tecnología, la informática y el conocimiento, podamos encontrar la posibilidad de generar riqueza, crear empleo y, por supuesto, tener una mejor calidad de vida.

Yo digo que sin caer en patrioterismo vacío, con la humildad que este país tiene y sin abrigar inalcanzables sueños de potencia, el camino que podemos iniciar con la creación de una empresa de soluciones satelitales se inscribe en el derrotero de las naciones más avanzadas que crean ciencia propia con aplicación tecnológica.

Sin duda afirmo que podemos crear conocimiento. A veces uno no asocia la cotidianeidad con las grandes cosas y entonces parecería tener algo de magnificencia la creación de una empresa de soluciones satelitales. Pero hace muy poco -en noviembre o diciembre del año pasado- este Congreso votó la ley de educación técnica, con lo cual recuperamos un espacio del conocimiento aplicado que en la década de los 90 se había perdido porque no precisábamos técnicos; había un paradigma de país que se basaba en los servicios, en las finanzas o en la especulación financiera.

Cuando este gobierno plantea el paradigma de una nueva alianza que tiene que ver con la producción, el trabajo, el perfil industrial y el sesgo exportador, se revaloriza un espacio del conocimiento aplicado, como es la educación técnica. Fue así que votamos la ley de educación técnica.

¿Qué tiene que ver la educación técnica con una empresa de soluciones satelitales? Que vamos a formar jóvenes para que una vez egresados y con esa formación técnica puedan trabajar en los emprendimientos que tienen que ver con los satélites y con la tecnología satelital.

Lo que también se puede hacer desde acá es avanzar en el camino del mejoramiento de determinadas áreas que tienen que ver con la tecnología. Por ejemplo, hace dos años y medio este Congreso votó la ley de promoción del software. Es cierto que había un mercado demandante, pero mediante el solo recurso de legislar de manera adecuada la promoción del software, se pasó de una exportación anual de 20 millones de dólares en concepto de software y de servicios informáticos a una exportación de más de 300 millones de dólares. Quiere decir que este Congreso puede ponerse en la ruta de producción del conocimiento.

Nuestro país puede fabricar estos satélites, que son de tipo geoestacionario y se quedan fijos a 36.000 kilómetros porque orbitan en el mismo sentido de la rotación de la tierra sobre un plano que se denomina ecuatorial, y al estar fijos iluminan a gran parte de la Tierra, hasta donde llega su retrasmisión.

En este caso, la Argentina tiene en uso la órbita 81 Oeste, que es una órbita asignada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones. No todos los países tienen órbita. Nuestro país tiene dos: la 71.8, conocida como 72, y la 81 Oeste. Reitero que no todos los países tienen órbita y la nuestra es apreciada por otros países. Es solicitada y requerida por otras naciones, y por eso es importante hacer buen uso de esta órbita 81 Oeste.

Esta órbita llega a los mercados más dinámicos que, desde el punto de vista comercial, pueden también darle un carácter de rentabilidad al emprendimiento, porque ilumina a todas las Américas: Argentina, América Central, gran parte de Estados Unidos y Sur de Canadá. Por ello es una órbita considerada rentable.

De cualquier manera -aclaro que quiero ser breve- digo que lo más importante, para mí al menos, no es la posibilidad de un negocio, aunque desde el punto de vista de la venta de capacidad de los transponders del satélite ese negocio está en el orden de los 250 millones de dólares.

Eso es importante, pero para mí no son sustanciales los valores comercializables ni la capacidad de los transponders, ni cuánta capacidad se tiene o no se tiene, y en cuánto tiempo se puede hacer.

Si bien es valorable que se opine sobre los modelos de construcción de la sociedad, esos son detalles que si bien son importantes no son lo prioritario. Lo prioritario es que hay una centralidad que tiene que ver con los nuevos desafíos tecnológicos que la Argentina encara.

Incluso no es bien visto en el mundo que la Argentina, que es un país no considerado de primer nivel en el campo de la informática, pueda salir a competir en la construcción de satélites.

Por lo tanto, creo que es un motivo de orgullo para todos los argentinos que este gobierno pueda intentar encarar este emprendimiento. Insisto en que creo que nos interesa que nos quede el conocimiento de la construcción de satélites; que a nuestro pueblo le quede en la memoria ese salto cualitativo en lo tecnológico. Ese es el tesoro que apreciamos y ese es el eje del proyecto.

Un satélite es mucho más que una construcción material o que la forma societaria que pueda adoptar la empresa que haga uso de la órbita y que diseñe, desarrolle y fabrique el satélite.

¿Saben lo que es un satélite? Es un bien altamente intensivo en conocimientos, en el que prácticamente el 50 por ciento de su valor es intangible. Son horas-mente en ingeniería, y reitero que el 50 por ciento de su valor es intangible. La producción se realiza de manera casi artesanal, es decir unidad por unidad. Por eso es mucho más que una construcción material.

Un satélite es la emblematización de que nuestro país, la Argentina, da un paso adelante en esta carrera por estar en los primeros niveles de la tecnología.

Me parece que hay una nueva economía que tiene que ver con asumir que este cambio de las formas de producción requiere nuevas inteligencias. Crear una empresa de soluciones satelitales está en ese camino.

Yo digo que hay temas que deben aclararse, aunque sea para que queden como parte del espíritu del legislador.

La ley fija una forma, porque había que resolver mediante qué instrumento se operaba toda esta construcción del sistema satelital. Es decir, ¿lo hacía una oficina del Estado, una dirección, una subsecretaría?

Se impulsó una empresa regida en el comienzo por la ley 19.550, artículos 308 al 312, referidos a una sociedad anónima con participación estatal mayoritaria, o sea la SAPEM. Eso de entrada, porque luego aceptará la iniciativa privada, y cotizará en Bolsa parte de su capital. Es decir que el Estado -como la ley lo indica- garantiza la absoluta transparencia en función de las sindicaturas y auditorías, y el mercado desarrollará su propio proceso de transparencia a partir de cotizar en Bolsa.

Esto es como que hay dos facetas: la verdadera revolución tecnológica que significa generar la conciencia de que podemos fabricar un satélite, y la segunda parte, que es la comercialización que esta empresa con presencia del Estado va a llevar adelante. Tal vez lo más importante es lo primero, y a lo mejor nos quedamos discutiendo lo segundo, que tiene que ver con los manejos de una actividad que ya está desarrollada en la Argentina, que es la venta, la comercialización y el uso de las comunicaciones.

Hay tres tipos de acciones: las de clase A, que son las que quedan en poder del Estado; las de AySA, que pueden llegar a tener el management de la empresa, y las de clase C, que se emiten sin derecho a voto.

Para las acciones de AySA, que son las que se supone que mayor capital privado van a incorporar, se prevé un concurso público nacional e internacional o la modalidad de iniciativa privada.

Quiero destacar que las acciones de clase A, que son las que tiene el Estado, no pueden ser modificadas o transferidas; no pueden afectarse ni restringirse los derechos de los accionistas de la clase A sin una ley sancionada por el Congreso.

El estatuto forma parte de la ley, y ha sido incorporado por el Poder Ejecutivo para que tenga la fuerza de una norma sancionada por el Congreso. Se podría haber hecho la iniciativa y dejar para la reglamentación la conformación del estatuto, que incluso se podría regir por la misma ley de sociedades. Sin embargo, el estatuto integra la norma.

El artículo 4° reza: «El diseño, el desarrollo y la construcción en el país…». Después fija las posibilidades de realizar por sí, por cuenta de terceros o como asociado, el lanzamiento y la puesta en marcha.

La verdad es que resulta difícil que la Argentina pueda hacer el lanzamiento, porque en el MERCOSUR la especialización en vectores -que son los que llevan el satélite- la ha desarrollado Brasil, que junto con China tiene las mayores posibilidades de realizarlo.

Construir el satélite en el país desde ya que significa una definición muy importante. Aquí la única empresa que puede fabricar satélites de estas características -aunque los ingleses ya están afirmando que no sería posible, porque la órbita y la construcción del satélite son preciadas, aunque hay documentos de Gran Bretaña que afirman lo contrario- es el INVAP, que como todos saben es una empresa líder en el mercado de los reactores, de los radares y de la innovación tecnológica.

Con mucho orgullo debo decir que es una empresa radicada en mi provincia, Río Negro.

Hay dos auditorías oficiales, una hecha por el Ejército Argentino y la otra, por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales. Ellas determinan y dan pruebas fehacientes de que el INVAP puede fabricar estos satélites.

Hice una síntesis lo más breve posible, pero quiero terminar con una frase de la declaración de Bávaro, República Dominicana, del año 2003, en la Primera Reunión Preparatoria Regional para la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, que después se realizó en Ginebra.

Entre los acuerdos de la Cumbre de Bávaro, que se relacionan con cómo el mundo de las comunicaciones, de la informática y de la tecnología se va intervinculando y globalizando en cooperación y consolidación de modelos a construir, se dice: «Debería promoverse el acceso amplio e inclusivo de la población a la sociedad de la información, no sólo como consumidores-usuarios….» -que es lo que la Argentina viene haciendo en el campo de los satélites- «…sino como actores o participantes plenos; es decir, como prestadores, innovadores, creadores y generadores de contenidos y aplicaciones.»

Si nosotros creamos AR-SAT, Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Sociedad Anónima, nos convertimos en generadores de contenidos y aplicaciones. Estamos creando ciencia y conocimiento, y aplicando tecnología.

Por eso, por tercera vez quiero tener la satisfacción de reiterar que se trata de dejar de ser meros consumidores de tecnología para pasar a ser productores de conocimiento. Este es el desafío que tenemos. No debemos caer en la mirada chica de buscar obstáculos que en algún escrito puedan definir cuestiones menores.

Se trata de apuntar con una mirada estratégica a este emprendimiento que el gobierno nacional propone. Con vocación de grandeza se realizará un verdadero acto de soberanía, como la puesta en marcha de un ciclo científico y tecnológico que en este caso consiste en consolidar un sistema satelital.

La soberanía está constituida por muchas cosas: es la bandera, la Patria y la defensa de los derechos humanos, de los intereses territoriales, del patrimonio nacional y de los recursos naturales, pero también es crear conocimiento.

La soberanía es parte del proceso constructivo de la sociedad de la información y del conocimiento. Así creo que empezamos el camino. (Aplausos.

 

 

 

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