Un grito de advertencia para adentro del peronismo

A veces, la historia requiere de la fuerza de los casi anónimos. De los que no lucen diariamente en titulares de medios o en las limitadas listas de famosos en la política.

Tal vez esa misma notoriedad conspira contra posibilidades de construcción.

Por eso nuestra militancia de siempre, tal vez no profusa pero cerca del contacto permanente con compañera/os en todo el país, nos impulsa y permite tener opiniones propias para compartir e impulsar.

Somos aquella Corriente Peronista Federal que acompañó a Néstor Kirchner y a Cristina en el inicio.

Somos los que con espíritu orgánico respetamos etapas y resignamos protagonismos en aras de la necesaria amplitud del espacio.

Hoy señalamos que no queremos regalar la historia.

La mayoría de nosotros, somos los que construimos mayoría parlamentaria para sostener un ejecutivo débil en votos y escaso de apoyos. Desde 2003 tuvimos dos años de esfuerzo, trabajo y militancia territorial. Construimos peronismo con impronta de kirchnerismo donde no había.

En vez de quedarnos en la comodidad de espacios propios en nuestros territorios salimos a recorrer el país llevando la voz de Néstor, de un peronismo que salía del letargo y a sumar voluntades para esa Argentina que queríamos que sea “En serio” y “Mejor”.

De ese trabajo, no dudamos, surgen los que luego vinieron, con toda validez, enmarcando sus logros personales en el 70% de positividad de Néstor, en el gran triunfo electoral del 2005 y en la ascendente aceptación de nuestro pueblo de las políticas públicas impulsadas por el gobierno nacional.

No hay queja ni nostalgia en nuestra mirada sobre lo que queremos. Pero sí sabemos lo que queremos para adelante.

No nos resignamos a esperar un 2023 de derrota, como muchos actores de la vida periodística, política (propios y extraños) y del mundo empresarial ya vaticinan. Conocemos mejor que nadie los sinsabores de ser parte del 2,3% de apoyo, con que comenzamos la campaña de NK a la presidencia y sabemos lo que es ser 17 diputados nacionales en un bloque de 100 y en una cámara de 257 para sostener un gobierno nacional que empezaba y tenía mucho más en contra que a favor.

Y somos parte, junto a Néstor y Cristina de los que fuimos construyendo una mayoría. Y, sobre todo, participamos con la alegría de lo original y el entusiasmo de vivir una positiva reconversión peronista en el armado institucional de un país que lograba record exportador, superávits en el comercio exterior y en las cuentas fiscales, baja inflación, creación de millones de puestos de trabajo, reconocimiento de un liderazgo en la América cercana y sumaba a su haber la esperanza de miles y miles de argentinas y argentinos que veían, luego de muchos años, cierta mejor expectativa para su calidad de vida y su futuro.

Esas añoradas mayorías, hoy no están. Por eso damos un paso adelante hacia una visibilidad que solo nos interesa como aporte a cimentar una idea de país que permita erigir una nueva mayoría.

Hoy, simplemente pegamos un grito de advertencia para adentro del peronismo convocando a no caer en desazones ni en considerar fracasos anticipados y para afuera llamando a nuestra sociedad que está dispersa, amargada, enfrentada, sumergida en falsa antinomias y carente de perspectivas futuras a que creamos en una construcción colectiva nacional que priorice a los más perjudicados de nuestra Nación. Los más postergados, los olvidados de todos los olvidos y los millones que no solo no creen en el futuro, sino que su futuro es el día de mañana en que no saben que podrán comer. Construcción colectiva nacional, que, respetando diversidades de pensamiento, de tradiciones, de posicionamientos políticos, de identidades históricas y de ofrecimientos electorales, tenga en común los puntos programáticos que fuercen coincidencias para salir del marasmo y la atonía en que, querremos aceptar o no, está nuestra sociedad.

Un partido, un frente que no gana no coloca presidentes y disminuye su presencia parlamentaria. Discutir hoy candidaturas sobre la estrechez del crecimiento cuantitativo y el menoscabo de valores cualitativos es el cuento de la lecherita que va al mercado. No se gritan los goles hasta que la pelota toque la red.

Es indispensable, sin ahogar las miradas divergentes en lo interno que deben expresarse con cordialidad y cuidado de formas, respetar un punto fijo de acuerdo y coincidencia que no deteriore el espacio ni debilite al gobierno ni a los naturales liderazgos históricos.

No sostenemos esto en función de ganar elecciones como valor en sí mismo, sino porque esta vez, conocemos quienes son y que hicieron los que van a conducir el país si no lo hacemos nosotros y esa experiencia entre 2015/19 acumuló demasiados dolores, vasta degradación de nuestro tejido social y puso en cada familia una cuota de incertidumbre económica, que taladró la moral popular.

No somos excelentes, pero en la disyuntiva planteada de cara a las preferencias electorales de 2023, somos mejores que otros.

El peronismo como matriz histórica de conciencia tiene cierta garantía de sustentabilidad política que es el primer dato para considerar a la hora de plantear despegues favorables.

 

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