Uno de los temas más litigados y controvertidos de la mitad del siglo 20. La Francia de 1940/1944 es un apasionante escenario para dilucidar posiciones de la ciencia política, la filosofía, la técnica militar, los derechos humanos, el oportunismo, la heroicidad y otros temas que hacen a valores y desvalores en la historia de un país ocupado militarmente y, lo que es más importante y poco explorado como análisis, dominado ideológicamente.
La resistencia y la complacencia, fueron variando en su relación numérica, en su capacidad de desnivelarse entre sí, y eso habla de la dificultad de utilizar calificaciones terminantes para cada uno de los protagonistas de este tiempo.
Ya pasaremos a la interpretación del gobierno o Régimen de Vichy, conducido por el Mariscal Philippe Pétain (1856 – 1951) entre 1940 y 1944.
La historia cuenta que este gobierno se establece luego que las fuerzas militares alemanas, victoriosos en su invasión, hicieran añicos todas las defensas francesas, incluida la famosa y considerada inexpugnable Línea Maginot (fue una muralla fortificada y de defensa, construida en 1928, por Francia a lo largo de su frontera con Alemania e Italia).
París cae en 14 de junio de 1940 y el entonces gobierno presidido por Paul Reynaud (1878/1966) se instala en Burdeos.
Al conocerse la derrota de las tropas francesas, el pánico político se apodera del gobierno francés y de su Parlamento que estaba en funcionamiento.
Reynaud que había sido designado primer ministro en marzo de 1940, era proclive a trasladar el gobierno a las colonias francesas y seguir, desde allí, la lucha contra Alemania. Posición ésta que era acompañada por el general Charles De Gaulle (1890/1970), quien entre 1937 y 1940 había sido secretario del Consejo de Defensa Nacional, a las órdenes del Mariscal Pétain, y que había asumido con Reynaud el cargo de Subsecretario de Guerra.
Cuando el gobierno de Reynaud dimite y asume Pétain, De Gaulle comprende que Pétain lejos de querer continuar la lucha, está más cerca de la rendición y en virtud de eso y negándose a aceptar un acuerdo con Alemania, lo que luego sería el Armisticio, hace un llamamiento al pueblo francés, el 18 de junio, para resistir a la ocupación y mantenerse en la lucha, a la vez que, desde Londres, donde se había exiliado, organiza lo que llamó la Francia Libre o Francia Combatiente.
En esta situación Paul Reynaud renuncia e inmediatamente es detenido por la misma policía francesa que lo entrega a los alemanes y permaneció preso hasta el final de la guerra.
No son pocos los dirigentes franceses que impulsan el pedir un inmediato acuerdo a Hitler. Y aún más, no son pocos quienes agregan a eso, la necesidad de romper el pacto de ayuda en caso de guerra, con Gran Bretaña.
Cuando Reynaud se opone a esto y dimite, es sustituido por el veterano militar, conocido como héroe de la 1GM, el Mariscal Philippe Pétain que era Ministro de Estado y desde el 17 de mayo, Vicejefe de Gobierno.
Pocos días después, el 10 de julio de 1940, la Asamblea Nacional, integrada por diputados y senadores, de los cuales muchos provenían de las listas triunfantes del Frente Popular en 1936, ya reunida en Vichy votó, por 569 votos contra 80 y 17 abstenciones, darle plenos y casi ilimitados poderes a Philippe Pétain, hay que aclarar que los legisladores comunistas habían sido excluidos, pero no es un dato menor que el Partido Socialista, tenía más de 170 diputados y senadores, los cuales en su mayoría votaron los poderes solicitados por el Mariscal.
En esa misma sesión, se votó y ganó la moción de abolir la Constitución republicana existente, se le otorgaron plenos poderes a Pétain, se eliminó el término “República” de la gestión oficial y se suspendieron las actividades de la misma Asamblea Nacional que había votado todo esto.
Ya en funciones, Pétain solicita un acuerdo a los alemanes y se firma en Rethondes el 22 de junio de 1940.
Esto se llamó “El Armisticio” que, a pesar de su brevedad con solo veinticuatro artículos, definía la vida, la honra y el futuro de un enorme país como Francia.
Una serie de “contratos” más cercano al derecho administrativo que a un Tratado entre países reglamenta formas de vinculación entre Alemania y Francia y estipulaba deberes, derechos y obligaciones por parte de ambos.
La parte leonina en cuanto a exigencias correspondía a Alemania. La parte mayoritariamente obligada a cumplimientos, era para Francia.
Como consecuencia de ese tratado, Francia resulta dividida en dos zonas principales, la que controlaría Alemania (60 % del territorio) y la que, bajo el nombre de zona libre, sería administrada por Francia.
Según los términos del armisticio, el norte de Francia fue ocupado en forma directa por Alemania; las provincias orientales de Alsacia y Lorena fueron anexadas a Alemania.
En la zona que se ubica al sur del río Loira, se sitúa la autoridad francesa que instala su sede de gobierno en Vichy que es una ciudad y comuna que está en el departamento de Allier, en la región de Auvernia-Ródano-Alpes. Ambas zonas se hallaban separadas por la llamada línea de demarcación.
Entre otros puntos se acordó que los prisioneros de guerra franceses, que eran casi un millón seiscientos mil, seguían en su cautiverio.
Francia debe proveer el mantenimiento del ejército alemán de ocupación, sufragando sus gastos.
En la zona libre, el ejército francés queda limitado a 10 000 hombres y dichas tropas quedan privadas de todo armamento pesado, así como de aviación de guerra.
El Imperio colonial francés queda igualmente bajo la autoridad exclusiva del Gobierno francés.
Los buques de guerra franceses deben acudir a sus puertos de amarre de períodos de paz, aunque alguno de ellos, como el de Brest, se hallase en la zona ocupada.
Francia debe entregar a los refugiados políticos alemanes o austriacos refugiados en su territorio huyendo del nazismo.
La soberanía francesa se ejerce sobre el conjunto del territorio, incluida la zona ocupada, Alsacia y Mosela, pero en la zona ocupada se estipula que Alemania ejerce «los derechos de la potencia ocupante», lo que implica que la Administración francesa «colabora» con ella «de una manera correcta».
También la historia cuenta, y los datos certifican que ese gobierno colaboró con los nazis.
El régimen instalado por Pétain tenía más de corporativismo que de nazismo y mucho menos de fascismo, y sí incorporaba un alto componente de antisemitismo que daba cierto sustento ideológico e intelectual a las propuestas de “Revolución Nacional” que impulsaba el nuevo gobierno francés.
Pero, y es importante este “pero”, no eran elaboraciones surgidas a partir de la firma del armisticio y derivadas de la dominación alemana, sino que reconocía orígenes anteriores, de la derecha francesa, de distintos movimientos conservadores y gozaban, a pesar de posteriores y acomodadas desmentidas, de una base social y cultural importante en la sociedad francesa.
Apenas asumido el gobierno de la Revolución Nacional del Mariscal Pétain, se hizo lugar a una nueva definición legal de los judíos mediante una disposición tan legal como infame que se llamó Status de los judíos (Statut des Juifs) y que dejó a esta importante, asimilada y antigua comunidad francesa fuera de cargos públicos y los sometió a internaciones en campos de concentración en algunos casos.
En mayo de 1941 y en la zona ocupada se obligó a los judíos a llevar una placa amarilla que los identificara y al mes siguiente exigieron a las autoridades de la zona libre la entrega de más de cien mil judíos que fueron deportados. En verdad hubo intentos y algunos logros, por parte del gobierno francés, de no entregar a los franceses de religión judío y se dedicaron a buscar judíos de otros países que habían llegado a Francia como asilados y perseguidos por el nazismo en sus lugares de origen.
Se recuerda por su ignominia y como baldón eterno para Francia, la enorme colaboración de autoridades francesas y, más que nada, de su policía nacional para efectuar los arrestos masivos de los días 16 y 17 de julio de 1942 en lo que se conoció como la noche en que concentraron miles de judíos (13.152 de los cuales cuatro mil eran niños) en el Velódromo de Paris (Vélodrome d´ Hiver) para entregarlos a los alemanes.
Dos datos hablan de la certeza ideológica del gobierno de Pétain y su auto designado espacio político como Movimiento Nacional, sobre la cuestión judía y su convicción sobre hacer desaparecer a los integrantes de esa religión (ya tomada por ese gobierno como “raza”, al estilo nazi). Una es que Pierre Laval, el político francés jefe de ministros del gobierno, incluyó a los niños en esa redada a pesar que los alemanes no lo habían solicitado. Y el otro dato es que ningún soldado alemán participó de las razias que capturaban judíos esas dos noches y solo se ocupó de eso la policía francesa.
Todos los detenidos fueron enviados a Auschwitz y la mayoría murieron en la ruta por falta de comida o agua.
Esto habla de cierto emparentamiento de método, con el nazismo alemán, pero no con el fascismo, ya que, en Italia, al margen de las políticas represivas hacia los judíos a partir de 1938, estas surgen como parte de la necesidad italiana de cumplimentar formas exigidas por los alemanes en el marco de la alianza para enfrentar la guerra. No existía en Italia el nivel de antisemitismo que se floreaba en la sociedad francesa.
Como espejo de lo ocurrido en la noche del Velódromo de Paris, existen tres ejemplos que en su diferenciación muestran claramente el prejuicio criminal que dominaba gran parte de la nueva administración francesa.
En la Hungría considerada fascista y presidida por el Almirante Miklós Horthy (1868/1957) que fue un noble, militar y político húngaro gobernante, primero como regente y luego como jefe de Estado entre 1920 y 1944, y en un régimen considerado autocrático, reaccionario y conservador, no se cedió a las demandas alemanas de entregar a los judíos húngaros, y se resistió esa medida durante muchos años hasta que Alemania decidió invadir militarmente Hungría en 1944.
En Dinamarca, ocupada por Alemania, se hizo un rescate gigantesco de judíos daneses, cuando en una extraordinaria acción combinada entre la administración pública, la policía danesa y el apoyo del propio Rey Christian X, más de 7000 judíos fueron sacados en forma clandestina del pais y pasados a Suecia, que era neutral.
En el propio sur francés, parte del cual estaba ocupado por el ejército italiano, y a pesar que Italia contaba desde 1938 con una legislación antisemita, las fuerzas armadas italianas defendían a los judíos franceses que llegaban a su zona, no entregaban al gobierno de Vichy a los asilados, salvando de esta forma miles de vidas.
En este último caso, no es solo el accionar de las fuerzas militares estacionadas en Francia lo que genera la acción humanista ante los judíos. El propio Duce Benito Mussolini ordena a sus soldados desafiar la persecución judía de la entente franco-germana y sus masivas redadas en todos el sureste del pais. Y no solo no entregan a las autoridades francesas a los judíos que arriban escapando, sino que, en cantidad de miles, los introducen de contrabando en su propio pais, Italia para salvarlos de la muerte.
Se dice que los generales italianos acuñaron una frase para argumentar sus acciones: «ningún país puede pedir que Italia, cuna del cristianismo y la ley, se asocie con estos actos nazis».
Y este marco represivo de los judíos se daba donde luego de la Revolución de 1789, fue Francia el primer pais europeo en darles categoría legal de emancipación a los judíos.
Francia contaba para 1940 con cerca de 350.000 judíos en su territorio. La segunda comunidad más importante de Europa. Es cierto que cerca de la mitad eran refugiados muy flamantes que habían llegado de otros países amenazados o ya invadidos por la Alemania nazi, pero también es cierto que eligieron Francia en virtud de compromisos históricos de ese pais con el derecho de asilo, el respeto a los derechos humanos y su natural tolerancia en lo religioso. Deberes morales estos absolutamente ignorados por el nuevo gobierno francés del Mariscal Pétain.
Desde el triunfo electoral del Frente Popular en 1936 se agudizó una muy tóxica campaña antisemita, sostenida en la falaz creencia que al haber elegido como primer ministro a un francés de religión judía como el socialista León Blum (1872/1950) se estaba en la antesala de una caída en el comunismo alentada y apoyada por la comunidad judía. Esta falsedad interesada dominó el escenario político, brindó argumento a las derechas de todo tipo y generó el clima de época dominante durante el Régimen de Vichy.
Días previos y desde el Armisticio cerca de 150.000 judíos pasaron rápidamente de la zona ocupada, cruzando la Línea de Demarcación, para buscar resguardo en la Francia no ocupada, en el gobierno de Vichy, pero se encontraron con persecuciones, agravios, ataques e incluso hubo miles de muertos por malos tratos propinados por las autoridades francesas y sus servicios policiales y organizaciones paramilitares de tipo pronazi.
Luego de la sanción de Estatuto para judíos, se les prohibió el ejercicio de profesiones liberales, la docencia y el periodismo. Tampoco podían trabajar en espectáculos artísticos ni en la administración pública.
Miles de empresas, comercios y pequeños emprendimientos de titularidad de franceses judíos fueron sometidos a un humillante y acosador proceso de “arianización” por la creada Comisión de Asuntos judíos de Vichy, y todas esas propiedades fueron confiscadas a sus legítimos dueños.
Como dato que habla de un estilo autoritario y conservador en ese Estado francés, se limitó la tramitación de divorcios, se castigó el aborto y se otorgaban premios y condecoraciones a padres de familias numerosas.
¿Fue fascista Pétain? ¿Fue un gobierno fascista su régimen de Vichy? Y dos preguntas importantes al momento de responder estos interrogantes: ¿Fueron Pétain y su gobierno un cuerpo extraño a Francia y su contexto epocal? ¿Fue ilegal ese gobierno?
Las respuestas reconocen varias alternativas en su carácter. Desde lo post 2GM y desde lo pre.
En el primer caso, todo es crítica, todo es repudio y los franceses han sabido construir un relato y un sentido histórico casi absolutorio de todos, menos de los cientos de gobernantes y funcionarios que conformaron el gobierno de Vichy.
La culpa fue de Pétain, de Pierre Laval, de Rene Bousquet (jefe de policía) y de quienes ejercieron magistraturas de gestión, espacios de poder e influencia institucional e intelectual y de esa manera, hay culpables taxativos, con nombre y apellido y queda fuera de esa carga moral ignominiosa y deshonrosa, el resto de los franceses contemporáneos.
Apreciamos que, en el pre, en aquel tiempo antepuesto a la 2GM y sobre todo en esos años inmediatamente anteriores, existen condiciones objetivas y responsabilidades subjetivas, que acompañan con entusiasmo y dedicación el desarrollo de la historia, como finalmente ocurrió.
Pétain, Laval, Bousquets fueron el emergente de dos realidades que dan contorno a su gobierno, la derrota militar de Francia en 1940 y la empatía de estos con ciertos sentimientos bastante mayoritarios y arraigados en la sociedad francesa en esos años.
La derrota militar es un hecho fáctico. A pesar que las fuerzas armadas francesas, mantenían en número y capacidad bélica cierta competencia, el desmoronamiento de sus líneas físicas defensivas provocó el desbande de tropas, la indisciplina ante las órdenes de seguir combatiendo y la desazón anímica de jefes y oficiales y sobre todo de soldado.
Pero lo que da sustento al gobierno de Vichy es la voluntad de las élites francesas de firmar el armisticio y luego someterse gustosamente a un proceso de colaboración que redunda en una complicidad importante con los invasores.
Distinto de los modelos autoritarios de Alemania e Italia, el proceso de transformación de Francia hacia una república represiva y carente de libertades, se da luego de una derrota bélica y de un pais invadido. Como describimos antes, no es desde allí que surge la impronta pro nazi, sino que ese hecho coadyuva fuertemente en la posibilidad que las viejas y aparentemente dormidas ideas de la derecha francesa se hagan con el poder y pongan en marcha su experimento de gestión.
La realidad de la presencia alemana en su territorio lo convierte en un gobierno sometido a tutela y vigilancia.
Igual mantuvo una agenda propia recargada en valores racistas y autoritarios. Al estilo de las SS y en menor medida de los “Camisas negras” italianos, estructuró un grupo de carácter formal donde combinaba aspectos de la legalidad represiva con acciones paramilitares, en especial contra ciudadanos judíos y opositores. Fue la Milicia, organismo provisto de armas livianas y con una capilaridad de espías, informantes y colaboradores, que sembraba el pánico entre los franceses no petainistas.
La base del Movimiento Nacional y su pretendida Revolución desde la cúspide (la cúspide era el Mariscal, provisto de una poderosa política de culto a la personalidad, las fotos del mariscal figuraban en las vitrinas de todos los negocios, en las paredes de la ciudad, en todas las oficinas administrativas, lo mismo que en todas las instituciones educativas y en las organizaciones juveniles) no poseía similares apoyos sociales como tenía el fascismo en Italia y se sostenía en sectores medios imbuidos de una extensa historia de racismo y antisemitismo.
No existía el sujeto social proletario o campesino pobre que se constituyera como plataforma de clase del ideario del gobierno de Vichy.
Era más un conglomerado de históricos seguidores de Charles Maurrás (1868/1952) quien fue el principal referente e ideólogo de un módico partido, Acción Francesa. que levantaba banderas monárquicas, en contra de la democracia y el Parlamento, contra la Revolución francesa de 1789 y antisemitas.
En este último sentido, es destacable que Maurrás fue crítico del Estatuto de 1940 sobre los judíos del régimen de Vichy, y estuvo en contra por considerarlo ¡moderado!
El partido de Maurras, tenía un agrupamiento juvenil muy presente en la década de 1930 y más adelante también, los Camelot Du Rois (en la traducción, Reyes de Camelot), donde llegó a tener importante presencia George Bernanos (1888/1948) novelista, ensayista y dramaturgo francés.
Si bien Acción Francesa fue el más conocido del conglomerado de la derecha reaccionaria de Francia, hubo otros componentes del nuevo núcleo filosófico del gobierno colaboracionista de Vichy que provenían de diversos espacios, entre los que mencionaremos algunos, cuyos preceptos tuvieron influencia en el armado ideológico de esta nueva derecha, ahora en el poder.
La Ligue des Patriotes (Liga de los patriotas) fundada en 1882 por el poeta Paul Dérouléde (1846/1914), movimiento básicamente antisemita.
La Liga antisemita de Francia, de 1889, creada por el periodista Edouarde Adolphe Drumont (1844/1917).
En 1924 se constituye los Jeunesses Patriotes (Jóvenes Patriotas) dirigida por Pierre Taittinger, en donde sí podemos ver un intento de imitar cercanamente el estilo fascista, más en la forma que en su contenido, y no superó ser un pobre movimiento autoritario tradicional.
En 1925 George Valois crea La Faisceau (El Fascio) con una rotunda inspiración en los Fascios italianos, del cual toma hasta el nombre.
Otras vertientes desde la derecha anterior a 1940 son Solidaridad francesa, fundada por el millonario empresario del perfume Francois Coty, el movimiento Francisme (francismo) de Marcel Bucard, que hasta tuvo un acercamiento mayor que otros al propio Mussolini y gozó de cierto apoyo económico desde Italia.
Un espacio con mayor visibilidad y algún éxito cuantitativo fue la Croix de Feu (Cruz de Fuego) formado por Francois de La Rocque, y este movimiento fue la base del partido Social Francés, primer partido político realmente masivo de la derecha francesa.
Y, entre tantas cofradías reaccionarias, aparecen individualidades que dieron dirigencia orgánica al elenco político de Pétain como Marcel Déat y Pierre Renaudel, ambos ex dirigentes del socialismo francés, expulsados en 1933 por su fiero viraje hacia el fascismo.
En verdad, todas estas manifestaciones de las posiciones más reaccionarias de la política francesa, tienen cierto origen en lo que podría denominarse “la génesis derechista” que se remonta a la misma Revolución de 1789 con su distinción en el espectro político de la Asamblea, entre estos dos extremos y posteriormente cercano a 1830 en las posiciones de Joseph de Maistre y Louis de Bonald que fueron los contrarrevolucionarios y teóricos reaccionarios que justificaron la restauración borbónica en Francia.
Y se continua en una etapa media, pero más importante que transcurrió durante el caso Dreyfus (En 1894, un oficial francés judío, Alfred Dreyfus, fue arrestado acusado de traición y de trabajar para el servicio de inteligencia del Imperio Alemán. Era todo infundado y luego de años de prisión fue absuelto y reintegrado al Ejército)
Aquí aparece una nueva derecha y brota un nacionalismo, que hasta entonces era una ideología progresista y republicana y muta a tomar en forma negativa, valores étnicos y los suma con antisemitismo, odio a la masonería, xenofobia y hasta ataques a la práctica religiosa de los protestantes.
Establecido el gobierno de Vichy, estructurado su gabinete y dedicado a la gestión, consolidada su línea ideológica y política en base al conservadurismo, cierto catolicismo reaccionario y la idea de raza como valor de pureza nacional, Pétain y los intereses que representa en función de la nueva economía francesa, entienden que colaborar con los nazis, no es patrimonio exclusivo del similar pensamiento político sino que tiene una razón de supervivencia de Francia como potencia, crear un nuevo modelo de alineamiento internacional y seguir a Alemania, a la que estimaban gananciosa en la guerra y por lo tanto, futura nación líder en el mundo.
Hay un elemento, subjetivado en un dirigente de la política francesa, que cobra importancia a partir de junio de 1940. Se trata de Pierre Laval (1883/1945) cuya presencia protagónica en todo el periodo del gobierno Pétain, tiñe con fuerte impronta ideológica y política la gestión, y otorga indicios sobre las características fascistas o no, de dicha administración.
Laval, quien provenía de un suburbio obrero de París, la zona de Aubervilliers en la cual fue elegido diputado por el socialismo en 1914, recupera corporalidad política luego de la derrota militar de Francia en junio de 1940, ya que había estado en un segundo plano luego de la victoria del Frente Popular en 1936, y lo hace precisamente porque arrastraba desde varios años atrás sus simpatías por el Tercer Reich alemán y por Adolfo Hitler. Y, en virtud del eje central de este trabajo, y su clara posición en cuanto a distinguir al fascismo de otras variantes autoritarias, la primera conclusión es que merced a la influencia de Laval en el nuevo gobierno, este se inclina hacia una posición pro nazi y no hacia el fascismo.
Laval es quien más insiste en que el gobierno de Pétain asiente sus reales en Vichy, descartando otras localidades más grandes e importantes como Toulouse y Lyon, bajo el argumento de haber sido, tradicionalmente, bastiones electorales de la izquierda.
Es Laval, designado el 27 de junio de 1940 vicejefe de Gobierno, y es él, más que Pétain, quien impulsa la colaboración total con el invasor alemán y se convierte en la figura principal del gobierno, aunque el juego político ubique al Almirante Jean Louis Xavier François Darlan (1881/1942) en la jefatura de ministros de la presidencia de Pétain, hasta 1942 en que Laval asume ese cargo.
La relación de Laval en cuanto a alineamiento internacional se dio con la Alemania nazi fuera de cualquier vinculación cercana con la Italia fascista.
El Régimen de Vichy, sostuvo como lema el muy derechista “Patria, Trabajo y Familia” y su gobierno suspendió casi toda libertad pública, prohibió partidos políticos y los sindicatos fueron unidos en una suerte de confederación corporativa donde participaban los amigos del régimen.
El gobierno de Pétain, puede caracterizarse como autoritario, represivo, intolerante y con acciones de criminalidad interna por medio de la represión formal y oficial.
En ese sentido tuvo similitudes notorias con el régimen nazi alemán.
Tuvo un aspecto programático encarnado en lo que llamaban la Revolución Nacional que mostraba su absoluta convicción contraria a la democracia liberal, el antiparlamentarismo, el antisemitismo oficial, el corporativismo como organizador social de la comunidad, rechazo a la modernidad y el culto a la personalidad.
De Revolución tuvo poco pero sí tuvo mucho de reaccionario incluso poniendo en cuestionamiento valores que Francia traía desde su Revolución de 1789.
Formalizó una legalidad represiva y excluyente contra los que consideraba indeseables, donde encajaba a judíos, masones, inmigrantes, comunistas y hasta honestos liberales centristas. En estas medidas emparenta con acciones legales del fascismo en Italia a partir de 1938.
Tomaba como vector intelectual de estas medidas, las ideas de Maurras sobre los “Anti Francia” o lo que peyorativamente calificaba como extranjeros internos.
El gobierno francés, persiguió homosexuales, izquierdistas de todo tipo, gitanos y protestantes, hechos que lo emparentan con las políticas nazis mucho más que con el gobierno de Mussolini. Y sumó a su muestrario de gestión, políticas de corte natalista que tendían a forjar una imaginada raza francesa.
La interpretación sobre el carácter “fascista” del gobierno francés entre 1940 y 1944 también se torna compleja en función de situaciones internas del propio régimen. Más allá de las generalidades que ya hemos analizado existían entornos propios, íntimos y personales que otorgaban caracteres y rumbos distintos de acuerdo a quienes los impulsan.
Esto se explica en cierta lucha interna entre Laval, nazi convencido y los grupos admiradores del fascismo italiano que no siempre tuvieron acceso a funciones gubernamentales.
Recién en 1943 aparecen en cargos de responsabilidad oficial algunos antiguos fascistas franceses, ya que hasta entonces Laval se había ocupado que no tuviesen lugares de importancia.
Ya para entonces la suerte del régimen parecía estar echada.
En noviembre de 1942 dejó de existir como realidad, la zona no ocupada de Francia, y el gobierno de Pétain solo era una excusa formal alejada de toda calidad práctica como gobierno. La seguridad interna y la policía en toda Francia quedaron completamente bajo mando de la Gestapo.
Recién en esa fecha, dejaron de tener representación diplomática, al más alto nivel, ante el gobierno de Vichy, Estados Unidos, Canadá y Australia.
La URSS, no tuvo inconveniente en tener su embajada hasta junio de 1941, es decir durante el primer año de gobierno de Pétain y cuando éste, cometía crímenes y persecuciones.
Cuando las fuerzas aliadas desembarcan en Normandía, en junio de 1944 la experiencia de esta rara Francia, legal y dictatorial, formal e informal, criminal e institucional, toca su absoluto final-
Se combate en territorio francés y hay dos batallas claves, la de Caen y principalmente la de la Bolsa de Falaise, fue el nombre del cerco al que las fuerzas aliadas sometieron a las alemanas en Normandía en agosto de 1944, al sur de Falaise y al oeste de Argentan, que aceleran la retirada del gobierno de Pétain de su propio territorio. Y a esto se une la actividad, dinamizada y a gran escala de la Resistencia, aumentada en número y envalentonada por la llegada de las fuerzas regulares aliadas, que golpea cotidianamente a las tropas alemanas y a la Milicia colaboracionista francesa.
A partir de ahí, entre el 17 y el 20 de agosto, parte al exilio el gobierno de Vichy.
Junto a Pétain y Laval, son evacuados a Alemania, entre otros, el ex comunista Jacques Doriot (1898/1945) quien había sido obrero metalúrgico y secretario general de las Juventudes del Partido Comunista Francés, ex diputado por el distrito Saint-Denis en 1924 y que distanciado de estas posiciones, funda el Partido Popular Francés en 1936 y se opone ferozmente al Frente Popular y desde 1940 es partidario de la colaboración con los alemanes y llegó a combatir como parte de la Legión de Voluntarios Franceses en el frente ruso junto a las tropas alemanas.
También salen de Francia, entre los más destacados: Marcel Déat (1894/1955) Otro ex socialista de los tantos que viraron hacia la derecha francesa. Fue diputado del Partido Socialista hasta 1933 en que lo expulsan luego de que tomara cercanía, en 1930, con posturas nacionalistas lindantes con el fascismo, y en ese damero de equívocos y transfuguismo que muestra la historia francesa, titula su espacio como Derecha Neo socialista, todo dentro del SFIO (Sección Francesa de la Internacional Obrera) que era el nombre del partido de los socialistas de Francia.
También, entre su tránsito de socialista y fascista, tuvo tiempo para ser militar, alcanzando el grado de capitán y mereciendo la Legión de Honor.
Otros de quienes partieron hacia Alemania fueron el ministro de Educación de Pétain, Abel Bonnard, el famoso e internacionalmente apreciado escritor, y también médico, ultra antisemita Louis-Ferdinand Céline (1894/1961) cuyo verdadero nombre era Louis Ferdinand Auguste Destouches, quien establece en las letras universales un estilo original que modernizan la literatura y lo hace principalmente en su obra más famosa “Viaje al fin de la noche” considerada por Le Monde como una de las mejores novelas del siglo20.
También viaja y escapa de Francia, Paul Marión (1899/1954) otro de los ex comunistas y ex socialistas virados al fascismo y al nazismo. Marión fue periodista e incluso entre 1927/29 vivió en Moscú como parte del Bureau de propaganda del Komintern (Internacional Comunista). Luego fue uno de los fundadores del PPF y ocupó desde 1941 el cargo de secretario general de Información y Propaganda del gobierno francés en Vichy., Se suma a la huida Lucien Rebatet (1903/1972), conocidos por su seudónimo de François Vinneuil, periodista, ensayista y crítico de cine. Destacado por su antisemitismo y su adhesión a la Alemania hitleriana.
Otro que escapa es Joseph Darnand (1897/1945), jefe de la temida Milicia francesa y entusiasta colaborador con los nazis, quien lo hace en compañía de casi 5500 miembros de la Milicia con los que luego pretende formar un batallón especial de franceses para combatir en Italia a los aliados.
Darnard fue organizador desde 1930, amén de su militancia en la Acción Francesa de Maurrás, de La Cagoule, o los cagoulards (encapuchados) que era una formación ultraderechista que perseguía a izquierdistas y liberales. Antes de formar, alentado por los alemanes, la Milicia Francesa, Darnard fue miembro de las SS y cumplió con el juramento de lealtad al Fuhrer y hasta tuvo un grado, el de Sturmbannführer, equivalente a Mayor en el ejército, en las Waffen SS.
En el lugar alojados por los alemanes, Sigmaringen, ciudad del sur de Alemania localizada en el Estado federado de Baden-Wurtemberg, los restos gubernamentales de Vichy intentaron crear una suerte de “gobierno francés en el exilio” al que llamaron “Comisión gubernamental para la defensa de los intereses nacionales», pero los dos principales referentes Pétain y Laval, por distintos motivos, se negaron a ser parte de ese fracasado colectivo, quedando como jefe de esa Comisión Fernand de Brinon 1885/1947) periodista francés y simpatizante nazi. En una de las tantas divisiones existentes entre quienes participaron del modelo del Estado Francés entre 1940/44, a este supuesto gobierno del exilio, se le enfrentó un Comité de Liberación, que desde la ciudad de Konstanz ciudad ubicada al sur del lago de Constanza y fronteriza con Suiza, y dirigido por Jacques Doriot intentó alternativizar la continuidad de la lucha contra los aliados.
Continuidad inexistente para ambos, ya que ninguno contaba con el patrocinio alemán, único sustento al que podían acudir en esos momentos.
Tres puntos pueden abordarse como corolario de este escrito, y que son, 1) las profesiones y el antisemitismo de muchos de los colaboracionistas. 2) La distinción entre nazismo y fascismo de los derechistas franceses.3) La legalidad y valor como tal del gobierno de Vichy.
Es destacable, y por eso se mencionan muchas de las profesiones ejercidas por colaboracionistas y simpatizantes, tanto del nazismo como del fascismo, la cantidad de intelectuales existentes entre ellos.
Poetas, escritores, ensayistas, críticos literarios y de cine aportaron su esfuerzo a la consolidación, durante cuatro años, de un gobierno oprobioso, criminal, represivo y racista, sin que sus formaciones, más vinculadas a lo humanista hubiesen sido freno para la tarea inmoral que llevaron adelante.
Probablemente esto se deba a una adscripción de tipo intelectual al antisemitismo, idea muy arraigada en los niveles educativos que transitaron en forma muy contemporánea.
Y no pudieron o no supieron o no quisieron, distinguir entre el antisemitismo como concepto filosófico y religioso e incluso racial con el antisemitismo como práctica concreta de asesinar millones de personas en virtud de esta diferencia al profesar religiones.
Y cada uno de ellos fue en potencia, sino en lo fáctico, un asesino.
Un tema a tratar como parte de este trabajo es la distinción en Francia y en su gobierno desde 1940, entre fascistas y nazis, ya que la historiografía más abundante y pacíficamente aceptada no hace esta distinción, utilizando erróneamente en forma de sinónimos ambas identidades políticas, lo que torna complejo hallar datos que verifiquen una u otra acepción e, incluso sus pertenencias orgánicas formales no son salvo escasos casos identificadas como pronazis o pro fascistas. Se pueden apreciar temporalidades y mutaciones ya que algunas organizaciones de la derecha francesa que entre 1920 y 1933 se orientaban en los márgenes del fascismo, giraron hacia el nazismo luego de la llegada de Adolfo Hitler al poder.
Bajo diversos nombres se conoce al gobierno francés en el periodo 1940/1944, y en verdad al no ser un gobierno que surja como continuidad institucional o natural de otro y preceda a su sucesor con los mismos valores, es dable la complejidad para caracterizarlo y ubicarlo en un concierto legal adecuado. Se acude a calificaciones como colaboracionista, traidor, gobierno títere, pero estas definiciones no encuadran su real naturaleza.
La Francia de Vichy, la Francia no ocupada, el Régimen de Vichy son algunos de los nombres que los historiadores utilizan.
Lo oficial corresponde al nombre Estado Francés (Etat Francais) ya que abjura del sentido republicano imperante hasta ese momento y por ende niega la utilización del término República como denominación del país. En realidad, el surgimiento de este gobierno interrumpe una prolongación institucional de la Tercera República francesa y no es casual en función del contexto epocal que se quiera dar un quiebre con cualquier continuidad del gobierno anterior.
El término república es retirado de la habitualidad formal y de toda documentación oficial para quebrar identidades con lo anterior, mostrar una nueva Francia y porque el modelo a seguir rompía tradiciones republicanas como la división de poderes, las libertades públicas y la existencia de partidos políticos. Tres datos que desaparecen del nuevo Estado Francés.
Por eso al Mariscal Pétain se lo nomina como Jefe del Estado francés, quedando para Pierre Laval el cargo de Presidente del Consejo de Ministros.
¿Cuál es la legalidad de estos actos políticos y administrativos? ¡Toda!
Recordemos que una vez invadida por Alemania, el gobierno de Paul Reynaud, su Consejo de Ministros y el Parlamento, se reúnen en Burdeos donde se realizan actos de gobiernos revestidos de absoluta legalidad como la renuncia del presidente del Consejo, la solicitud a Pierre Laval de que forme gobierno, la aceptación de la propuesta de éste de designar a Philippe Pétain como Presidente del Consejo de Ministros, la votación de diputados y senadores, quienes por mayoría lo eligen y el otorgamiento de plenos poderes gubernamentales al nuevo jefe de estado.
Toda la legalidad puesta de manifiesto en formas habituales que el derecho y la constitución de 1875 garantizaban.
Y, es más, el 17 de junio los propios parlamentarios transfieren sus funciones legislativas a Pétain, aceptando la renuncia de su autoridad como poder del estado y dejando en manos exclusiva del Poder Ejecutivo la totalidad de la función pública.
Esa misma tarde, con la situación complejizada por idas y venidas e incluso no finalizada la voluntad de algunos funcionarios, como Reynaud, de continuar la lucha desde las posesiones coloniales francesas, el viceministro de Defensa, general de brigada Charles de Gaulle huye hacia Gran Bretaña expresando su oposición al tratado de paz con Alemania y una vez en Londres, llama al pueblo francés, a los que se quedaron en su país sin poder escapar, a continuar la lucha.
Las necesidades del momento, sus urgencias, sus pasiones, sus posibilidades y sus cobardías y valentías entran todas en esa realidad ineludible para comprender lo hecho por cada protagonista de la época. Pero también, y es cierto que desde la comodidad del tiempo transcurrido y el no tener que ser actor de decisiones ingentes y fundamentales para el momento, hacen que el historiador encuentre en su investigación y, sobre todo, en su interpretación, valías y disvalias diferentes.
A mi juicio, está fuera de debate la legalidad original del gobierno francés de Vichy, por las propias condiciones legales que lo instituyen y porque no existe fuera de ese modelo de poder, ninguna otra figura institucional que exhiba la posibilidad de representar a Francia como una Nación.
No lo era de Gaulle en Londres, no lo eran los nazis en París y eso dejaba a Pétain y su gobierno, desde el balneario de Vichy, como única expresión con la legalidad y potestad para el Estado francés.
La legitimidad de origen, para cualquier gobierno, tiene, desde ya y como su nombre lo indica, un comienzo, más no es eterna sino se consustancia con legitimidades de gestión que vayan validando esa condición. Y en este caso, resulta obvio la pérdida de esa legalidad ética en virtud del sistema de gobierno impuesto por Pétain.
Tiene cierta posibilidad de debate, la declaración en julio de 1944 cuando París era liberado, en cuanto a definir al gobierno de Vichy como “ilegítimo, nulo y sin efecto”. Expresión ésta utilizada por el general de Gaulle y que tuvo incidencia y peso en los juicios seguidos contra funcionarios del régimen anterior y contra el mismo Pétain.
Estimo más esas palabras como parte de un discurso político que auguraba una nueva era que una verdad legal o un posible axioma de derecho.
Máxime considerando que esa proclama, al negar toda condición de legalidad y legitimidad al gobierno francés de Vichy y de alguna forma borrando de la historia cuatro años de un gobierno (colaboracionista, pronazi, criminal, conservador, reaccionario, antinacional etc. ¡pero gobierno al fin!) que existió, fue francés y administró el territorio que tenía como pais, daba por sentado que aquella Tercera República nunca había dejado de existir.
Y, en verdad, no existía desde junio de 1940.
Enzo Traverso (A sangre y fuego. De la guerra civil europea, 1914-1945, Ed. Prometeo) – Roger Eatwell (Nacional populismo: Por qué está triunfando y de qué forma es un reto para la democracia) – Stanley Payne (El Fascismo, Alianza editorial / Historia del fascismo, Ed. Planeta) George Lachmann Mosse (La nacionalización de las masas, Ed. Marcial Pons) – Ernst Nolte (Fascismo y comunismo, junto a François Furet, Ed. Alianza – El fascismo en su época, Ed. Península – La Guerra Civil Europea 1917-1945, Ed. Eterna cadencia) –