{"id":387,"date":"2024-04-19T21:02:12","date_gmt":"2024-04-19T21:02:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogdeosvaldonemirovsci.com.ar\/?p=387"},"modified":"2025-02-01T14:34:29","modified_gmt":"2025-02-01T14:34:29","slug":"la-hora-25-sobre-despidos-sonrisas-y-angustias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogdeosvaldonemirovsci.com.ar\/?p=387","title":{"rendered":"La hora 25 &#8211; Sobre despidos, sonrisas y angustias"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.lapoliticaonline.com\/osvaldo-mario-nemirovsci\/sobre-despidos-sonrisas-y-angustias\/\">Publicado en LPO 19\/4\/2024<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recuerdo una de las frases finales de <em>la gran novela del rumano C. Virgil Gheorghiu<\/em> que en 1949 escribi\u00f3 <em>La Hora 25<\/em>. Aclaro que la novela era excelente, la vida del autor no tanto ya que con el tiempo se descubri\u00f3 que en 1941 hab\u00eda escrito en su pais el libro Ord malurile Nistrului (algo as\u00ed como Queman las orillas) donde alababa a las tropas nazis y hacia fuertes comentarios antisemitas. (Tal es as\u00ed que el fil\u00f3sofo Gabriel Marcel, que hab\u00eda escrito el pr\u00f3logo de La Hora 25, pidi\u00f3 que su prefacio fuese omitido). En fin, nadie puede esconder todo durante siempre.<\/p>\n<p>La Hora 25 cuenta los sufrimientos de un joven al que le pasan cosas horribles durante la 2GM en donde es perseguido por considerarlo jud\u00edo durante la ocupaci\u00f3n alemana y lo mandan a un campo de concentraci\u00f3n, luego los propios nazis los rescatan como prototipo del ario perfecto para su propaganda por lo que al finalizar la guerra es tomado prisionero por los yugoeslavos quienes tambien lo maltratan. Luego vienen los rusos sovi\u00e9ticos y lo encierran de nuevo y es torturado cruelmente y llevado a juicio. Finalmente, los norteamericanos en la idea de que comenzar\u00e1 la 3era Guerra Mundial le ofrecen alistarse en el ejercito de ese pais o seguir en prisi\u00f3n. En verdad, al pobre Iohann Moritz (nombre del personaje) le pasa de todo, y mal.<\/p>\n<p>Esa escena final, al menos asi lo recuerdo yo luego de d\u00e9cadas de haber le\u00eddo esa novela, cuenta que cuando acepta hacer un documento nuevo para los norteamericanos, <em>le piden que sonr\u00eda para la foto, y es ah\u00ed donde est\u00e1 la clave de la novela, lo intenta una vez, dos veces, le exigen que sonr\u00eda y \u00e9l no puede. Luego de todo lo que paso, olvid\u00f3 como se sonr\u00ede.<\/em><\/p>\n<p>Salvando las distancias, aclaro y es importante ya que no son situaciones similares en su contexto, pero si me parecen en la psicolog\u00eda del personaje y sus equivalentes que me interesa mostrar, veo que con este asunto del ajuste pavoroso sobre los empleos p\u00fablicos, que conllevan la injusticia planillera de echar a muchos por sospechar de pocos (\u00f1oquis), no solo se pone en juego un ingreso mensual que asegura cierta calidad de vida y tranquilidad en las previsiones familiares, sino que se ataca y agravia la sensibilidad de las personas, su autoestima y se generan incertidumbre y miedo, ambas calidades negativas para la psiquis humana.<\/p>\n<p>Y cuento un caso com\u00fan a muchos argentinos.<\/p>\n<p><em>Persona que trabaja quince a\u00f1os en una repartici\u00f3n p\u00fablica. Y sigue contratada en lugar de ser planta permanente<\/em> (ac\u00e1 es necesario decir sin dudar, que, de esos quince a\u00f1os, once al menos gobern\u00f3 el peronismo y no resolvi\u00f3 ese \u201cdetalle\u201d de la calidad de empleo que hoy mayormente se utiliza para dejarlos en la calle), <em>y la despiden un viernes santo.<\/em><\/p>\n<p>Sost\u00e9n de su hogar, llega a su casa, comunica la mala nueva a su familia, avisa a un hijo que no podr\u00e1 seguir estudiando en la universidad, revisa sus cuentas y se espanta al comprobar que no podr\u00e1n seguir aliment\u00e1ndose en forma correcta, no tienen para seguir con la prepaga, reza para que su c\u00f3nyuge pueda mantener un trabajo privado informal, no puede pagar la cuota m\u00ednima de un hijo peque\u00f1o en la escuela parroquial por lo que se anota ir a hablar con el Padre Tito, rector y amigo, para que le d\u00e9 una beca. En fin. Es la cat\u00e1strofe, la desdicha jam\u00e1s esperada, en escasos cuarenta minutos que pasaron entre el telegrama de despido y el final de sus cuentas hogare\u00f1as.<\/p>\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 tiene que ver esto con La Hora 25?<\/em><\/p>\n<p><em>Pues bastante. Sigan leyendo.<\/em><\/p>\n<p>Pasan cinco d\u00edas y, por motivos varios sea por reclamos formales del damnificado o por reconocimiento de que, hacia una tarea importante y poco reemplazable, le avisan que ser\u00e1 reincorporado a su trabajo en el organismo estatal.<\/p>\n<p>Con el mismo anonimato medroso del telegrama que lo echa, le avisan que debe volver al trabajo.<\/p>\n<p>Amigos y parientes, enterados de esta \u201cbuena nueva\u201d se acercan, abrazan, felicitan, imponen o tratan de imponer cierta alegr\u00eda.<\/p>\n<p><em>Pero la alegr\u00eda no aparece. Las sonrisas son parte de los rostros ajenos, no del trabajador reincorporado.<\/em><\/p>\n<p><em>Al igual que el Iohann de La Hora 25, no puede sonre\u00edr<\/em>. Quiere hacerlo por gentileza hacia quienes lo congratulan. Pero no puede. Su boca no logra formar la sonrisa, porque su mente est\u00e1 procesando el dolor pasado, la humillaci\u00f3n sentida, la perplejidad sobre su futuro, el interrogante acerca de \u00bfen qu\u00e9 momento se repetir\u00e1 la escena del despido?<\/p>\n<p><em>No sonr\u00ede. No puede. No quiere sentir alegr\u00eda ya que puede perderla en cualquier momento y esa circunstancia angustiante lo agobia, no es capaz de soportarla nuevamente. No puede sonre\u00edr.<\/em><\/p>\n<p>Esa son las sensaciones que provocan los despidos, que lleva a cabo el gobierno nacional con el agravante de la forma gozosa en que los presentan sus portavoces. Formas que humillan m\u00e1s.<\/p>\n<p><em>Est\u00e1n construyendo muchas Horas 25, est\u00e1n consolidando la desaparici\u00f3n de las sonrisas.<\/em><\/p>\n<p><em>Y eso, es mucho m\u00e1s imperdonable que cualquier posici\u00f3n pol\u00edtica.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en LPO 19\/4\/2024 &nbsp; Recuerdo una de las frases finales de la gran novela del rumano C. Virgil Gheorghiu que en 1949 escribi\u00f3 La Hora 25. 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